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EL PROBLEMA DE LOS NOMBRES PROPIOS
Los padres de Desiderio Luna emigraron a los EU a principios de los cincuentas y nunca imaginaron que su hijo sería condecorado por su participación en la guerra de Corea. Por lo demás, nadie cuestionó jamás que su contribución en esa guerra fuese como jefe de cocineros en un aguerrido acorazado: el Winfield Scott.
Este buque de guerra tenía un nombre más largo, que incluía el apodo que le adjudicaron a Scott en la escuela presbiteriana a la que asistía en su natal Illinois en la época previa a que Edgar A. Poe escribiera El escarabajo de oro; por cierto fue el único acorazado estadounidense al que la marina estadounidense ha permitido incluir un apodo en su nombre.
Los señores Luna tampoco imaginaron que su hijo se convertiría en traductor al español de las caricaturas de Loney Tunes y, años más tarde, en traductor estrella de la firma Hanna-Barbera.
Bien, el caso es que Desiderio Luna, en uno de sus primeros trabajos, quizá en un desplante provocado por la rareza de su propio nombre propio, intentó bautizar al conejo Bugs, conocido en México por el cómic titulado "El conejo de la suerte", con el nombre de Serapio, intención que no tuvo éxito y que naufragó igual que el Winfield Scott luego de un misterioso incendio en la Bahía de San Francisco a principios de los setentas, cuando era utilizado como buque escuela.
Bugs es el nombre con el que conocemos ahora al simpático conejo, toda una institución transgeneracional en lo tocante a dibujos animados, porque en lo tocante a desastres marítimos el del Winfield "Coloradito" Scott se considera en el lugar 13, después de naufragios memorables encabezados por el Titanic.
Desiderio Luna nació en Zacatecas y murió recientemente en Arizona víctima de cáncer de colon. Lo curioso del caso es que Luna falleció un 14 de septiembre, mismo día en que se hundió el Winfield "little red" Scott, si bien con 29 años de diferencia.
En California, lugar donde pasó la mayor parte de su vida útil, al traductor se le conocía como Dessy Moon (c'mon).
Aclaro que, por decir lo menos, la mayor parte de este relato es inexacto. Envío un puntual abrazo prenavideño a Mr. Phuy.
martes, diciembre 16, 2003
lunes, diciembre 15, 2003
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LA CARCEL DE LA LETRA ESCRITA
Leo los comentarios de JM Portillo sobre los límites que impone la estructura formal del lenguaje a la libertad de combinar o crear sintagmas, morfemas, palabras, etcétera. JM utiliza ciertas figuras como camisa de fuerza que me parecen propias para definir el yugo generoso que impone la regla de la lengua escrita. El final de su post me sugiere que dejó abierto el comentario para ahondar más en él posteriormente. Ojalá desee hacerlo.
Antes de la invención de la escritura los escritores eran ya unos desempleados potenciales. Había entonces otros grilletes: vivía el hombre encadenado a la memoria; su supervivencia dependía de la memoria, de la llamada tradición oral, que no era una tradición en el sentido en que entendemos ese concepto actualmente, era y es una fase necesaria en la escalera de la evolución humana. Las tradiciones, lo sabemos son desechables, pero la oralidad no era un asunto de tradiciones, no se quien sacó eso -quizá algún escritor que encontró en la lingüística un oasis donde reconocer su fracaso-. Pero la oralidad no era desechable, ni es algo optativo. Yo lo denominaría oralidad generacional. La oralidad permitió a la especie la supervivencia; la escritura, la posibilidad de traspasar los límites inocuos de la necesidad.
Resulta curioso, como planteara Heriberto Y. hace poco, que Platón haya sido el primer filósofo literario en contraposición a Sócrates, último filósofo discursivo (oral), y que sobre los papiros de los diálogos socráticos se haya levantado la civilización occidental. Sócrates negaba la preeminencia de la escritura (Fedro) y defendía el discurso como medio de transmisión idóneo del conocimiento esencial. Platón atestigua la decadencia de Grecia, es cierto, la propia muerte de Sócrates exhibe a una Grecia condenada. La debacle de Grecia y de la civilización mediterránea en general era en realidad la debacle de la oralidad. Los políticos -algunos de ellos sofistas consagrados- hicieron lo que hacen aún: desgastaron su discurso, o mejor dicho, el discurso .
Si el pensamiento de Tales, Heráclito o Parménides contribuyó al encumbramiento de Grecia fue gracias a que vivían la gestación y el parto de la escritura como instrumento de la filosofía. Los sofistas, en tanto especie, fueron sepultados bajo la lápida de la escritura y su epitafio advierte paradójicamente: "No los olvidéis". Así se evitaría que corrieran la misma suerte de los filósofos minoicos y otros más antiguos que fueron borrados de la historia a causa de la fragilidad intrínseca de la oralidad.
Los filósofos, empezando con Platón, se las arreglaron para rescatar aquello que no podían dejar perder de los filósofos y sofistas orales.
Disculpen esta breve disgresión, pero me parece que hay que ubicar la discusión sobre la formalidad de la lengua escrita en relación con la poesía, el discurso, la decadente oralidad contemporánea, etcétera, desde la perspectiva del criterio libertad-necesidad, esa prisión perpetua.
La llamada poesía vanguardista , término manoseado con impunidad al atribuirlo a la poesía -y otros ocios- de fines del siglo XIX y del XX, representa también la decadencia de una época; se trata de la era de la imprenta tocando las puertas de su propia tumba. No desaparecerá, como tampoco ha desaparecido la oralidad, el caso es que su papel irá crecreciendo como forma predominante para dar paso a otras formas de comunicación. Ustedes sabrán cuáles.
Agotado el uso y abuso del verso rimado, de sus formas más acabadas (el soneto en todas sus variedades, por ejemplo), el verso libre encontró más pronto sus propias limitaciones. Los caminos que escogieron Huidobro y otros innovadores pronto se toparon con una granítica pared: la de la intrascendencia del siglo XX. Alejado cada vez más del consumo popular, el llamado vanguardismo fue refugiándose en contertulias hérméticas cada vez más estrechas, alimento exclusivo para élites contagiadas y críticos sin empleo fijo, alimento especializado como las galletas integrales: mucha paja y poca proteína. Así, herido de muerte por la consanguinidad, el vanguardismo -en toda modalidad artística- enfrenta la fase terminal. Está ahí, pero requiere de oxígeno y cuidados intensivos. Vida artificiosa.
¿Qué dije?
LA CARCEL DE LA LETRA ESCRITA
Leo los comentarios de JM Portillo sobre los límites que impone la estructura formal del lenguaje a la libertad de combinar o crear sintagmas, morfemas, palabras, etcétera. JM utiliza ciertas figuras como camisa de fuerza que me parecen propias para definir el yugo generoso que impone la regla de la lengua escrita. El final de su post me sugiere que dejó abierto el comentario para ahondar más en él posteriormente. Ojalá desee hacerlo.
Antes de la invención de la escritura los escritores eran ya unos desempleados potenciales. Había entonces otros grilletes: vivía el hombre encadenado a la memoria; su supervivencia dependía de la memoria, de la llamada tradición oral, que no era una tradición en el sentido en que entendemos ese concepto actualmente, era y es una fase necesaria en la escalera de la evolución humana. Las tradiciones, lo sabemos son desechables, pero la oralidad no era un asunto de tradiciones, no se quien sacó eso -quizá algún escritor que encontró en la lingüística un oasis donde reconocer su fracaso-. Pero la oralidad no era desechable, ni es algo optativo. Yo lo denominaría oralidad generacional. La oralidad permitió a la especie la supervivencia; la escritura, la posibilidad de traspasar los límites inocuos de la necesidad.
Resulta curioso, como planteara Heriberto Y. hace poco, que Platón haya sido el primer filósofo literario en contraposición a Sócrates, último filósofo discursivo (oral), y que sobre los papiros de los diálogos socráticos se haya levantado la civilización occidental. Sócrates negaba la preeminencia de la escritura (Fedro) y defendía el discurso como medio de transmisión idóneo del conocimiento esencial. Platón atestigua la decadencia de Grecia, es cierto, la propia muerte de Sócrates exhibe a una Grecia condenada. La debacle de Grecia y de la civilización mediterránea en general era en realidad la debacle de la oralidad. Los políticos -algunos de ellos sofistas consagrados- hicieron lo que hacen aún: desgastaron su discurso, o mejor dicho, el discurso .
Si el pensamiento de Tales, Heráclito o Parménides contribuyó al encumbramiento de Grecia fue gracias a que vivían la gestación y el parto de la escritura como instrumento de la filosofía. Los sofistas, en tanto especie, fueron sepultados bajo la lápida de la escritura y su epitafio advierte paradójicamente: "No los olvidéis". Así se evitaría que corrieran la misma suerte de los filósofos minoicos y otros más antiguos que fueron borrados de la historia a causa de la fragilidad intrínseca de la oralidad.
Los filósofos, empezando con Platón, se las arreglaron para rescatar aquello que no podían dejar perder de los filósofos y sofistas orales.
Disculpen esta breve disgresión, pero me parece que hay que ubicar la discusión sobre la formalidad de la lengua escrita en relación con la poesía, el discurso, la decadente oralidad contemporánea, etcétera, desde la perspectiva del criterio libertad-necesidad, esa prisión perpetua.
La llamada poesía vanguardista , término manoseado con impunidad al atribuirlo a la poesía -y otros ocios- de fines del siglo XIX y del XX, representa también la decadencia de una época; se trata de la era de la imprenta tocando las puertas de su propia tumba. No desaparecerá, como tampoco ha desaparecido la oralidad, el caso es que su papel irá crecreciendo como forma predominante para dar paso a otras formas de comunicación. Ustedes sabrán cuáles.
Agotado el uso y abuso del verso rimado, de sus formas más acabadas (el soneto en todas sus variedades, por ejemplo), el verso libre encontró más pronto sus propias limitaciones. Los caminos que escogieron Huidobro y otros innovadores pronto se toparon con una granítica pared: la de la intrascendencia del siglo XX. Alejado cada vez más del consumo popular, el llamado vanguardismo fue refugiándose en contertulias hérméticas cada vez más estrechas, alimento exclusivo para élites contagiadas y críticos sin empleo fijo, alimento especializado como las galletas integrales: mucha paja y poca proteína. Así, herido de muerte por la consanguinidad, el vanguardismo -en toda modalidad artística- enfrenta la fase terminal. Está ahí, pero requiere de oxígeno y cuidados intensivos. Vida artificiosa.
¿Qué dije?
viernes, diciembre 12, 2003
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PLAGIO Y RECOMENDACIÓN
El siguiente texto fue vilmente copiado sin permiso de la autora del colectivo cucaracha, blog que cocinan los compas de Letras de los semestres avanzados de la Unison, acá en Beautyfulville. Échenle un ojo.
Orgasmatical
Oye escritor es cierto que cuando tomas un lápiz algo sete para y que cuando escribes te derramas, que las palabras son orgasmatical, tanto que cuando redactas, las oraciones te excitan y las conjunciones te saben a mar, que te gusta copular con la y griega y además subordinar los elementos sintácticos y masturbarte sin parar.
Que los acentos a ti también te dan intensidad; que entiendes el significado de mas y más, y que a ti no te da igual, por que tu siempre quieres más.
Que, porque, porqué, por qué, y por que, a veces te dan la respuesta, pero tu nunca las quiere dar. Y si las das irremediablemente te sientes mal, o es verdad que los escritores no tienen sentimientos y todo les da igual.
Lucía Munguía
PLAGIO Y RECOMENDACIÓN
El siguiente texto fue vilmente copiado sin permiso de la autora del colectivo cucaracha, blog que cocinan los compas de Letras de los semestres avanzados de la Unison, acá en Beautyfulville. Échenle un ojo.
Orgasmatical
Oye escritor es cierto que cuando tomas un lápiz algo sete para y que cuando escribes te derramas, que las palabras son orgasmatical, tanto que cuando redactas, las oraciones te excitan y las conjunciones te saben a mar, que te gusta copular con la y griega y además subordinar los elementos sintácticos y masturbarte sin parar.
Que los acentos a ti también te dan intensidad; que entiendes el significado de mas y más, y que a ti no te da igual, por que tu siempre quieres más.
Que, porque, porqué, por qué, y por que, a veces te dan la respuesta, pero tu nunca las quiere dar. Y si las das irremediablemente te sientes mal, o es verdad que los escritores no tienen sentimientos y todo les da igual.
Lucía Munguía
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MARCHÓ EL SEMESTRE
Ayer hicimos el último examen del semestre, fue de Taller de redacción y versó sobre el fascinante tema de la teoría e historia de los signos de puntuación (zzz, zzzz, zzzzzz). Las hostilidades comenzaron a partir de la 3 de la tarde en que la masa escolar se amotinó y decidió adelantar la multiplaneada posada, todo empezó temprano. Uno que es esclavo trabajador no puede disponer de su tiempo como quisiera, sin embargo llegué a checar tarjeta a la pachanga a eso de las 7 de la tarde o, mejor dicho, tres cartones después. Cuando me apersoné en el lugar acordado no veía sino un desfile de sonrientes compas que iban y venían a un expendio cercano en busca de etilencias varias. Me uní a aquella peregrinación. No se decir a que hora concluyó aquello (si es que concluyó) pero mis huesos cenicientos se tuvieron que retirar antes de las doce, dejando a la concurrencia en un estado de tristeza absoluta por mi partida (en realidad los únicos que se percataron de mi retirada fueron unos camaradas que estaban en estado contemplativo sobre la cajuela de mi carro).
Ya me voy.
MARCHÓ EL SEMESTRE
Ayer hicimos el último examen del semestre, fue de Taller de redacción y versó sobre el fascinante tema de la teoría e historia de los signos de puntuación (zzz, zzzz, zzzzzz). Las hostilidades comenzaron a partir de la 3 de la tarde en que la masa escolar se amotinó y decidió adelantar la multiplaneada posada, todo empezó temprano. Uno que es esclavo trabajador no puede disponer de su tiempo como quisiera, sin embargo llegué a checar tarjeta a la pachanga a eso de las 7 de la tarde o, mejor dicho, tres cartones después. Cuando me apersoné en el lugar acordado no veía sino un desfile de sonrientes compas que iban y venían a un expendio cercano en busca de etilencias varias. Me uní a aquella peregrinación. No se decir a que hora concluyó aquello (si es que concluyó) pero mis huesos cenicientos se tuvieron que retirar antes de las doce, dejando a la concurrencia en un estado de tristeza absoluta por mi partida (en realidad los únicos que se percataron de mi retirada fueron unos camaradas que estaban en estado contemplativo sobre la cajuela de mi carro).
Ya me voy.
miércoles, diciembre 10, 2003
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SOBRE POESÍA
Desde hace 100 años, no faltan los poetastros que buscan y buscan formas de modificar el uso de la lengua escrita con fines expresivos. Fulanito no usa mayúsculas, guau, perenganito no utilizó puntuación en todo su texto, oooooh!. Zutanito utilizó la palabra "oooooh!" para significar una expresion.
No vas a negar que ya te has topado con cosas como esta:
Del poema Asombros de Juan Garcíavalencia, 3.1.1 (disculpen esta enumeración, la hago con fines de orden en mi archivo de estudios antropológicos).
"voy
c
a
y
e
n
d
o
o
o
o
o"
Otro ejemplo, tomado de Vagancias de Joel Calderón Isaías: 3.27.2 (reitero, no se trata del número de algún versículo de la Biblia)
"palabras que se lleva el vi....... en................... too."
¡No es esto una ridiculez!.... perdón, ¿No es esto una ridiculez?
En serio, acá sincerándonos, ¿no es una mamada romántica tratar de imponer a la escritura características que poseía en culturas del pasado, como la egipcia que utilizaban los jeroglíficos, o la náhuatl, más gráfica aún, u otras que mediante dibugrafos simbolizaban ideas abastractas?
¿No es aún más reaccionario pretender calificar semejantes mamadas pseudopoéticas como sesgos innovadores, ocurrencias vanguardistas o reparos modernistas?
Me llaman la atención aquello/as poetillas de mediados del siglo XX, Octavio Paz included, que fabricaban "poemas" en espiral, en forma de corazón (obvio, para representar ideas relativas al amor), y formas que buscaban en la "forma" alguna representación de lo novedoso. Juar, juar, juar, juar. Permítanme que me ría. Ya los minoicos habían ensayado las formas espirales de escritura, no se cuántos siglos antes de Cristo (que por cierto no pegaron). ¿On tá la novedad, pues?
Esto me lleva a reconsiderar lo que ya he dicho antes. En materia de poesía (y en el resto de las artes), los románticos, en todas sus presentaciones, incluída la tamaño XL, han sido los tontos útiles al servicio de la mediatización. Los mejores exponentes del arte comercial que se adquiere a precios exorbitantes en Shoteby's, o, como el Ché Guevara cuya imagen sombreada se vende en cualquier tianguis de Occidente en camisetas de colores a 5 dólares (si es de algodón sanforizado).
¿Por qué permitiste esto, Dios mío? Las vanguardias al servicio del capitalismo al que se suponían opuestas. Al inducir de forma masiva la irracionalidad entre las masas (y entre los críticos de arte), tipos como Picasso, Van Gogh, Huidobro, Sartré o Stravinsky, han favorecido más a los alienadores de masas que todos los alcances contraculturales que pudieran haber concebido Lukacs o Brecht.
Así está la cosa. La poesía modernista apesta, con todo y el término modernista.
("Humphrey, ¿por qué siempre te pones demasiado serio cuando abordas este tema?" -Porque con chistes no entiendes, pendejo-.)
SOBRE POESÍA
Desde hace 100 años, no faltan los poetastros que buscan y buscan formas de modificar el uso de la lengua escrita con fines expresivos. Fulanito no usa mayúsculas, guau, perenganito no utilizó puntuación en todo su texto, oooooh!. Zutanito utilizó la palabra "oooooh!" para significar una expresion.
No vas a negar que ya te has topado con cosas como esta:
Del poema Asombros de Juan Garcíavalencia, 3.1.1 (disculpen esta enumeración, la hago con fines de orden en mi archivo de estudios antropológicos).
"voy
c
a
y
e
n
d
o
o
o
o
o"
Otro ejemplo, tomado de Vagancias de Joel Calderón Isaías: 3.27.2 (reitero, no se trata del número de algún versículo de la Biblia)
"palabras que se lleva el vi....... en................... too."
¡No es esto una ridiculez!.... perdón, ¿No es esto una ridiculez?
En serio, acá sincerándonos, ¿no es una mamada romántica tratar de imponer a la escritura características que poseía en culturas del pasado, como la egipcia que utilizaban los jeroglíficos, o la náhuatl, más gráfica aún, u otras que mediante dibugrafos simbolizaban ideas abastractas?
¿No es aún más reaccionario pretender calificar semejantes mamadas pseudopoéticas como sesgos innovadores, ocurrencias vanguardistas o reparos modernistas?
Me llaman la atención aquello/as poetillas de mediados del siglo XX, Octavio Paz included, que fabricaban "poemas" en espiral, en forma de corazón (obvio, para representar ideas relativas al amor), y formas que buscaban en la "forma" alguna representación de lo novedoso. Juar, juar, juar, juar. Permítanme que me ría. Ya los minoicos habían ensayado las formas espirales de escritura, no se cuántos siglos antes de Cristo (que por cierto no pegaron). ¿On tá la novedad, pues?
Esto me lleva a reconsiderar lo que ya he dicho antes. En materia de poesía (y en el resto de las artes), los románticos, en todas sus presentaciones, incluída la tamaño XL, han sido los tontos útiles al servicio de la mediatización. Los mejores exponentes del arte comercial que se adquiere a precios exorbitantes en Shoteby's, o, como el Ché Guevara cuya imagen sombreada se vende en cualquier tianguis de Occidente en camisetas de colores a 5 dólares (si es de algodón sanforizado).
¿Por qué permitiste esto, Dios mío? Las vanguardias al servicio del capitalismo al que se suponían opuestas. Al inducir de forma masiva la irracionalidad entre las masas (y entre los críticos de arte), tipos como Picasso, Van Gogh, Huidobro, Sartré o Stravinsky, han favorecido más a los alienadores de masas que todos los alcances contraculturales que pudieran haber concebido Lukacs o Brecht.
Así está la cosa. La poesía modernista apesta, con todo y el término modernista.
("Humphrey, ¿por qué siempre te pones demasiado serio cuando abordas este tema?" -Porque con chistes no entiendes, pendejo-.)
lunes, diciembre 08, 2003
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LA AVENTURA DEL TROMPUDO
Me llevé unos tostitos y una coca ligth para el camino, al fin y al cabo son nomás 130 kilómetros, pero, oh sorpresa, al llegar a abordar el autobús en el campus nos percatamos que en lugar del "turismo cinco estrellas" que nos prometieron se encontraba el paladín de viejas batallas del camino, un camioncito mejor conocido por los universitarios como el trompudo . Su simpático diseño no lo distancia mucho de los multirrutas urbanos que han ganado a pulso la fama de ser atropelladores de ancianos y tackleadores de semáforos y postes de la luz.
Bien, el trompudo es un vehículo que en E.U. no pasaría la norma ni para transporte del servicio antirrábico, pero ya envalentonados y con la presión de nuestros compromisos encima, nos subimos envueltos en una nube de resignación. De ida no hubo bronca pues había solecito y mucho ánimo. Pero de regreso, a eso de las diez de la noche, comprobamos que al trompudo le entra aire hasta por la antena y que el aire frío de la costa no es benéfico para los cantantes después de una actuación. Resultado, la socia y yo recaímos en aquel catarro que hace dos semanas nos traía fintos.
Entrando en materia, el concierto en Guaymas estuvo bastante respetable. La primera parte: música litúrgica de Mozart, Franck y Haendel, luego solistas y coro de Nabuco de Verdi. La segunda parte, solistas; yo canté un dueto de la zarzuela María Fernanda con la socia (nutridos aplausos acá modestamente), ya saben, el aplauso es el alimento del artista aunque los burros de machaca que dieron de cena me hicieron olvidar los aplausos. La maestra Marybel F. se discutió con O mío babino caro que le salió de peluche (¿qué dije?). Mis ahijados Tito y Marcela (recién casados) cantaron dos duetos zarzuelescos bien plantados. Enseguida otros templados cantando y luego dos coros con solistas de Elixir de Amor (la socia se discutió en el papel de Gianetta) que causaron disturbios en el sistema parasimpático de los oyentes. Llegamos a las 12 de medianoche. Esto fue el domingo.
Saliendo de la materia, con todo y el catarro tuvimos un ensayo hace un par de horas. Fue montaje escénico del primer acto de Elixir de amor de Donizetti que pondremos en escena el sábado próximo en una Gala de Ópera que ya está casi lista. Yo ando así como si me hubiera sacado 100 en matemáticas porque, adicionalmente, voy a cantar el cuarteto de Rigoletto, mi cuarteto vocal favorito que ya me aprendí de memoria (ven, a veces me olvido de mi alzheimer) y con un ensayito más ya queda. La otra cosa que voy a dejarme caer es Core 'ngrato, rolita que le compusieron a Caruso por allá hace 100 años y que no deja de tener sus riesgos. El teacher Briano fue quien me hizo cantar esa napolitana hace ya un resto de lustros allá en la ciudad de los referéndumes y las megamanifestaciones.
Bueno, como el catarro no me deja concentrarme, mejor aquí le corto y regreso cuando recupere mi sentido del humor. Feliz semana, les manda saludos mi marciano favorito que levemente está por terminar la versión número cinco de la carta a Santoclós (corregida y demasiado aumentada). (Edgar R: ¿qué le digo? ¿la neta?).
LA AVENTURA DEL TROMPUDO
Me llevé unos tostitos y una coca ligth para el camino, al fin y al cabo son nomás 130 kilómetros, pero, oh sorpresa, al llegar a abordar el autobús en el campus nos percatamos que en lugar del "turismo cinco estrellas" que nos prometieron se encontraba el paladín de viejas batallas del camino, un camioncito mejor conocido por los universitarios como el trompudo . Su simpático diseño no lo distancia mucho de los multirrutas urbanos que han ganado a pulso la fama de ser atropelladores de ancianos y tackleadores de semáforos y postes de la luz.
Bien, el trompudo es un vehículo que en E.U. no pasaría la norma ni para transporte del servicio antirrábico, pero ya envalentonados y con la presión de nuestros compromisos encima, nos subimos envueltos en una nube de resignación. De ida no hubo bronca pues había solecito y mucho ánimo. Pero de regreso, a eso de las diez de la noche, comprobamos que al trompudo le entra aire hasta por la antena y que el aire frío de la costa no es benéfico para los cantantes después de una actuación. Resultado, la socia y yo recaímos en aquel catarro que hace dos semanas nos traía fintos.
Entrando en materia, el concierto en Guaymas estuvo bastante respetable. La primera parte: música litúrgica de Mozart, Franck y Haendel, luego solistas y coro de Nabuco de Verdi. La segunda parte, solistas; yo canté un dueto de la zarzuela María Fernanda con la socia (nutridos aplausos acá modestamente), ya saben, el aplauso es el alimento del artista aunque los burros de machaca que dieron de cena me hicieron olvidar los aplausos. La maestra Marybel F. se discutió con O mío babino caro que le salió de peluche (¿qué dije?). Mis ahijados Tito y Marcela (recién casados) cantaron dos duetos zarzuelescos bien plantados. Enseguida otros templados cantando y luego dos coros con solistas de Elixir de Amor (la socia se discutió en el papel de Gianetta) que causaron disturbios en el sistema parasimpático de los oyentes. Llegamos a las 12 de medianoche. Esto fue el domingo.
Saliendo de la materia, con todo y el catarro tuvimos un ensayo hace un par de horas. Fue montaje escénico del primer acto de Elixir de amor de Donizetti que pondremos en escena el sábado próximo en una Gala de Ópera que ya está casi lista. Yo ando así como si me hubiera sacado 100 en matemáticas porque, adicionalmente, voy a cantar el cuarteto de Rigoletto, mi cuarteto vocal favorito que ya me aprendí de memoria (ven, a veces me olvido de mi alzheimer) y con un ensayito más ya queda. La otra cosa que voy a dejarme caer es Core 'ngrato, rolita que le compusieron a Caruso por allá hace 100 años y que no deja de tener sus riesgos. El teacher Briano fue quien me hizo cantar esa napolitana hace ya un resto de lustros allá en la ciudad de los referéndumes y las megamanifestaciones.
Bueno, como el catarro no me deja concentrarme, mejor aquí le corto y regreso cuando recupere mi sentido del humor. Feliz semana, les manda saludos mi marciano favorito que levemente está por terminar la versión número cinco de la carta a Santoclós (corregida y demasiado aumentada). (Edgar R: ¿qué le digo? ¿la neta?).
domingo, diciembre 07, 2003
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EMILIANA NO ERA MISÓGINA
Cantar acompañado de una orquesta más o menos capaz fragmentos del Mesías de Haendel, del Gloria de Vivaldi y composiciones litúrgicas de Mozart es algo que yo haría sin cobrar ni un cinco. Sin embargo, cuando se logran conjuntar viente voces con veinte instrumentistas significa que existe una lana de por medio. Y es que los músicos, por exótico que parezca, también comen y requieren de lanilla para sus chicles. Me refireo a los músicos no convencionales, es decir, a aquellos que sí saben música, los que alguna vez se desvelaron estudiando el valor de las notas y el abc de la armonía, que saben leer pentagramas y seguir un compás de reojo.
Bien, no la voy a hacer mucho de pedo: cantamos en la misa de una boda ricachona en la puritita catedral de Beatyfulville. En el papel de devotos creyentes había exgobernadores, empresarios globalizados, señoras filantrópicas y jóvenes de la Ibero (uno de ellos se parecía un resto a Johnny Bravo). El arzobispo pastoreaba todo este rebaño por los caminos del bien y asegún los cánones aplanados de la ortodoxia.
Los organizadores del bodorrio traían a todos cortitos; hasta los fotógrafos andaban de traje y qué decir de nosotros que nos entacuchamos así como si fuésemos a una cena con la familia materna de Octavio Paz. Ah, y el chisme del día: la mamita de la novia dispuso de la catedral desde temprana hora a fin de ajuarear el templo como merecía la ocasión, con festones de flores naturales en cada pilar del templo cuyo aroma impregnaba hasta la tuba de la orquesta. No había yo visto arreglos semejantes desde que Mario Puzo organizó el sepelio de Don Corleone. Y no digo más.
Bueno, diré algo más. Resulta que la señora mamá de la novia se topó con el problemita de que había otras tres bodas en el mismo recito, a diferente hora, y pues eso le dificultaba la titánica tarea ornamental que se traía entre ojos, así que, pa no hacer el caldo largo, les propuso a las parejitas comprometidas que les pagaba el viaje de bodas a Acapulco, desayuno continental incluído, a condición de que se buscaran un templo más modestito. Aquellas parejas, imagino, se miraron los ojitos con aire de que una hada madrina les hablaba quedito, y, ni tardías ni perezosas, aceptaron el viajecito y se cambiaron con todo su tinglado a capillas que sufren de problemas de diseño y acabados, pero que comparten niveles de devoción clasificación A (para toda la familia). Asunto arreglado, Dios ni se fijará en esos detallitos insignificantes y las parejas de novios desplazados pues tendrán material para contar a sus allegados que la luna de miel fue fantástica. Y es que no hay luna de miel mala, excepto aquella donde una feminista lucha por la supremacía creyendo que quien está arriba es quien domina la situación, y, pues no, el (la) que está arriba es el (la) que tiene la responsabilidad (Echeverría dixit).
Bueno, todos estos detalles se me olvidan en cuanto me enfundo mi disfraz de tenor y canto cosas como el Aleluya de Haendel. Disculpen, hay mucha raza que no entiende qué demonios estamos cantando y nomás empiezan a pelar los ojotes en plena misa con cara de "Ah, cabrón". Lo que juzgo aburrido, porque también podrían poner cara de "Ay, wey".
Acá en Beautyfulville vivió una compositora española (vanguardista y resistente -es decir, que simpatizaba con la resistencia antifranquista y que cayó por acá junto con la runfla de León Felipe-) que fue directora del coro de la Uni al que pertenezco; bueno pues esta mujer era lo contrario de misógina, odiaba plenamente al género masculino (mas culino que antes) con un amplitud modulada (am), todo por la mala obra que le hizo un pelado de esos que ven atributos en cualquier individua con más de 40 kilogramos de peso; el bato la dejó y ella decidió que jamás volvería a permitir que Cupido le ensartara nada.
Bueno, pues Emiliana, que así se llamaba la españolita ya fallecida, compuso una misa para coro (a capella), de la que nos fusilamos unas partecitas y que cantamos en la boda ricachona. A mí en lo personal me parece de lo más aburrido la composición esa, y de no ser porque la paga no era para nada despreciable, simplemente me niego a cantar incluso el Señor Ten Piedad de la Emily. Pero, viendo que ya las parejas novieras desplazadas habían puesto su parte y habían demostrado que el orgullo es un don de los pendejos, pues yo también me hice ojo de hormiga y canté el desliz de Emiliana con ímpetu monástico. Todo salió bien.
Al salir, la envidia me dio una patada en los güevos: afuera de la catedral estaba un Altima nuevecito color dorado caribeño -regalito sorpresa- esperando a los recién casados; o sea, no nomás era la lluvia de arroz la que esperaba en el frontispicio catedrálico, por cierto, obra de la orden jesuita, que se esmeraba en hacer de lo ecléctico su estilo característico, estilito que al parecer no le cuadraba mayor cosa a Carlos III que mandó a la orden a chingar a su madre.
Ok. pues aquí le corto, no sin avisar que mañana parto al puerto de Guaymas a cantar otro repertorio que no tiene nada que ver con Aves Vérumen ni Panis Angélicus, sino con artes más mundanos, operísticos y zarzuelescos. Luego les cuento....
(Ay güey, ya es domingo....)
EMILIANA NO ERA MISÓGINA
Cantar acompañado de una orquesta más o menos capaz fragmentos del Mesías de Haendel, del Gloria de Vivaldi y composiciones litúrgicas de Mozart es algo que yo haría sin cobrar ni un cinco. Sin embargo, cuando se logran conjuntar viente voces con veinte instrumentistas significa que existe una lana de por medio. Y es que los músicos, por exótico que parezca, también comen y requieren de lanilla para sus chicles. Me refireo a los músicos no convencionales, es decir, a aquellos que sí saben música, los que alguna vez se desvelaron estudiando el valor de las notas y el abc de la armonía, que saben leer pentagramas y seguir un compás de reojo.
Bien, no la voy a hacer mucho de pedo: cantamos en la misa de una boda ricachona en la puritita catedral de Beatyfulville. En el papel de devotos creyentes había exgobernadores, empresarios globalizados, señoras filantrópicas y jóvenes de la Ibero (uno de ellos se parecía un resto a Johnny Bravo). El arzobispo pastoreaba todo este rebaño por los caminos del bien y asegún los cánones aplanados de la ortodoxia.
Los organizadores del bodorrio traían a todos cortitos; hasta los fotógrafos andaban de traje y qué decir de nosotros que nos entacuchamos así como si fuésemos a una cena con la familia materna de Octavio Paz. Ah, y el chisme del día: la mamita de la novia dispuso de la catedral desde temprana hora a fin de ajuarear el templo como merecía la ocasión, con festones de flores naturales en cada pilar del templo cuyo aroma impregnaba hasta la tuba de la orquesta. No había yo visto arreglos semejantes desde que Mario Puzo organizó el sepelio de Don Corleone. Y no digo más.
Bueno, diré algo más. Resulta que la señora mamá de la novia se topó con el problemita de que había otras tres bodas en el mismo recito, a diferente hora, y pues eso le dificultaba la titánica tarea ornamental que se traía entre ojos, así que, pa no hacer el caldo largo, les propuso a las parejitas comprometidas que les pagaba el viaje de bodas a Acapulco, desayuno continental incluído, a condición de que se buscaran un templo más modestito. Aquellas parejas, imagino, se miraron los ojitos con aire de que una hada madrina les hablaba quedito, y, ni tardías ni perezosas, aceptaron el viajecito y se cambiaron con todo su tinglado a capillas que sufren de problemas de diseño y acabados, pero que comparten niveles de devoción clasificación A (para toda la familia). Asunto arreglado, Dios ni se fijará en esos detallitos insignificantes y las parejas de novios desplazados pues tendrán material para contar a sus allegados que la luna de miel fue fantástica. Y es que no hay luna de miel mala, excepto aquella donde una feminista lucha por la supremacía creyendo que quien está arriba es quien domina la situación, y, pues no, el (la) que está arriba es el (la) que tiene la responsabilidad (Echeverría dixit).
Bueno, todos estos detalles se me olvidan en cuanto me enfundo mi disfraz de tenor y canto cosas como el Aleluya de Haendel. Disculpen, hay mucha raza que no entiende qué demonios estamos cantando y nomás empiezan a pelar los ojotes en plena misa con cara de "Ah, cabrón". Lo que juzgo aburrido, porque también podrían poner cara de "Ay, wey".
Acá en Beautyfulville vivió una compositora española (vanguardista y resistente -es decir, que simpatizaba con la resistencia antifranquista y que cayó por acá junto con la runfla de León Felipe-) que fue directora del coro de la Uni al que pertenezco; bueno pues esta mujer era lo contrario de misógina, odiaba plenamente al género masculino (mas culino que antes) con un amplitud modulada (am), todo por la mala obra que le hizo un pelado de esos que ven atributos en cualquier individua con más de 40 kilogramos de peso; el bato la dejó y ella decidió que jamás volvería a permitir que Cupido le ensartara nada.
Bueno, pues Emiliana, que así se llamaba la españolita ya fallecida, compuso una misa para coro (a capella), de la que nos fusilamos unas partecitas y que cantamos en la boda ricachona. A mí en lo personal me parece de lo más aburrido la composición esa, y de no ser porque la paga no era para nada despreciable, simplemente me niego a cantar incluso el Señor Ten Piedad de la Emily. Pero, viendo que ya las parejas novieras desplazadas habían puesto su parte y habían demostrado que el orgullo es un don de los pendejos, pues yo también me hice ojo de hormiga y canté el desliz de Emiliana con ímpetu monástico. Todo salió bien.
Al salir, la envidia me dio una patada en los güevos: afuera de la catedral estaba un Altima nuevecito color dorado caribeño -regalito sorpresa- esperando a los recién casados; o sea, no nomás era la lluvia de arroz la que esperaba en el frontispicio catedrálico, por cierto, obra de la orden jesuita, que se esmeraba en hacer de lo ecléctico su estilo característico, estilito que al parecer no le cuadraba mayor cosa a Carlos III que mandó a la orden a chingar a su madre.
Ok. pues aquí le corto, no sin avisar que mañana parto al puerto de Guaymas a cantar otro repertorio que no tiene nada que ver con Aves Vérumen ni Panis Angélicus, sino con artes más mundanos, operísticos y zarzuelescos. Luego les cuento....
(Ay güey, ya es domingo....)
jueves, diciembre 04, 2003
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ALEGORÍAS
Me han pedido que opine sobre las críticas que manan del vertedero cretinoso del Charquito acerca de los textos que han aparecido en una publicación de nombre La Línea. Esta solicitud me introduce en uno de mis bosques favoritos: el bosque lluvioso del desierto. Voy a abundar sobre el tema.
El bosque lluvioso del desierto es un sitio que muy pocos mortales (me refiero a los mortales vivos porque muchos mortales ya fallecidos -como Verne- ni siquiera imaginaron este ambiente) han visitado, en parte, porque es una categoría geoparentética que apenas hoy he creado. En principio aseguro que quienes han conocido ese lugar son individuos que apenas (¿no hay un sinónimo de apenas?) estoy por crear, y porque ese reino me pertence por entero y quienes ahí habiten serán propiedad de mi copyright personal (si ustedes han empezado a elucubrar con esta idea, sugiero que se esperen, o bien, que creen su propia historia y salgan inmediatamente de mi bosque lluvioso del desierto).
Siguiendo este orden de ideas, observo que quienes prometieron que yo recibiría copias de La Línea (recuerden que yo nací a escasos 50 metros de la línea divisoria México-EU, lo que me convierte en un "liniero" por antonomasia) eludieron su promesa. (También estoy esperando que la Hoja Frugal (viene de otra línea) llegue a mi domicilio sin que eso ocurra).
Lo confieso: no conozco La Línea. De sus autoras, conozco a Amaranta Caballero gracias a su blog (que visito con frecuencia necia) y a un delicioso intercambio epistolar que juzgo por su honestidad. A Ektor Henrique Martínez, crítico autor de El Charquito, lo leo a pesar de su poca consideración por el concepto horas/hombre, y lo conozco merced a un intercambio epistolar de tres renglones.
La crítica de Martínez a las autoras de La Línea me parece excesiva en tanto que yo no utilizaría una retroexcavadora para hacer los hoyitos con los que se juega a las canicas al juego de los hoyitos, valga la redundancia. Por ora parte, la respuesta de las autoras de La Línea (de algunas) a las críticas chaquenses me parece natural, si bien ausente de humor y atrincherada en una poco efectiva Línea Maginot.
Tons qué: facilísimo: el bosque lluvioso del desierto es eso: desierto relleno de puntos y seguidos: las formas anteceden a las ideas: las vanguardias lamentan lo sucedido (no era su intención): el bosque lluvioso desaparece: el desierto permanece.
¿Qué horas son?
ALEGORÍAS
Me han pedido que opine sobre las críticas que manan del vertedero cretinoso del Charquito acerca de los textos que han aparecido en una publicación de nombre La Línea. Esta solicitud me introduce en uno de mis bosques favoritos: el bosque lluvioso del desierto. Voy a abundar sobre el tema.
El bosque lluvioso del desierto es un sitio que muy pocos mortales (me refiero a los mortales vivos porque muchos mortales ya fallecidos -como Verne- ni siquiera imaginaron este ambiente) han visitado, en parte, porque es una categoría geoparentética que apenas hoy he creado. En principio aseguro que quienes han conocido ese lugar son individuos que apenas (¿no hay un sinónimo de apenas?) estoy por crear, y porque ese reino me pertence por entero y quienes ahí habiten serán propiedad de mi copyright personal (si ustedes han empezado a elucubrar con esta idea, sugiero que se esperen, o bien, que creen su propia historia y salgan inmediatamente de mi bosque lluvioso del desierto).
Siguiendo este orden de ideas, observo que quienes prometieron que yo recibiría copias de La Línea (recuerden que yo nací a escasos 50 metros de la línea divisoria México-EU, lo que me convierte en un "liniero" por antonomasia) eludieron su promesa. (También estoy esperando que la Hoja Frugal (viene de otra línea) llegue a mi domicilio sin que eso ocurra).
Lo confieso: no conozco La Línea. De sus autoras, conozco a Amaranta Caballero gracias a su blog (que visito con frecuencia necia) y a un delicioso intercambio epistolar que juzgo por su honestidad. A Ektor Henrique Martínez, crítico autor de El Charquito, lo leo a pesar de su poca consideración por el concepto horas/hombre, y lo conozco merced a un intercambio epistolar de tres renglones.
La crítica de Martínez a las autoras de La Línea me parece excesiva en tanto que yo no utilizaría una retroexcavadora para hacer los hoyitos con los que se juega a las canicas al juego de los hoyitos, valga la redundancia. Por ora parte, la respuesta de las autoras de La Línea (de algunas) a las críticas chaquenses me parece natural, si bien ausente de humor y atrincherada en una poco efectiva Línea Maginot.
Tons qué: facilísimo: el bosque lluvioso del desierto es eso: desierto relleno de puntos y seguidos: las formas anteceden a las ideas: las vanguardias lamentan lo sucedido (no era su intención): el bosque lluvioso desaparece: el desierto permanece.
¿Qué horas son?
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SIN TÍTULO
La poesía de José Emilio Pacheco ha sido muy criticada. Quiero decir: ha sido muy comentada. Yo no se nada de poesía, excepto lo que he aprendido de aquellos críticos que hablan de poesía y, claro, de leer un poco de poesía clásica inglesa, alemana e italiana.
He leído obras de poetas extranjeros (extranjeros del español) y al pronunciar esto me viene a la memoria que mañana tengo examen de Fonética, lo que de forma instantánea reduce mis ímpetus análíticos sobre el tema que al principio planteé. Ahora pienso en lo impredecible que puede ser el comportamiento del pensamiento y en cómo estos temas pueden despertar interés en los lectores (temas como el cambiar de tema a la hora de estar pensando: inexplicable en serio).
Como estos cambios de fase son, digamos, misteriosos, llaman la atención porque se suceden cotidiana y reiteradamente y se rev(B)elan como una forma obstinada de proceder de nuestro pensamiento. Cuántas veces ocurre que están ustedes hablando con su interlocutor sobre tal o cual asunto y, de pronto, les cae una idea del tercer piso y los descalabra suavemente, de tal forma que cambian el curso de su charla y se introducen en un universo totalmente distinto del que originalmente gravitaban como aquellos peces que han sido sustraídos de su ambiente natural y han sido insertos en una pecera de ornato.
Eso, eso, digo yo, es lo misterioso.
Y absurdo, absurdo aparezco yo, tratando de desentrañar un asunto tan cotidiano como sencillo, tan banal como persistente. (¿Qué estaba diciendo?....) Ah, sí, que José Emilio Pacheco es un grafómano incurable, que ha publicado más artículos literarios en medios informativos que ningún otro escritor mexicano. Su sola presencia abate la sombra de su talento. Abrevia su obra poética mis opiniones y dejo para mejor ocasión un comentario menos apático de su producción.
Aquí sólo le guardo homenaje con uno de sus más conocidos poemas:
ALTA TRAICIÓN
No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
—y tres o cuatro ríos.
No me preguntes cómo pasa el tiempo, 1969
Luego le seguimos.
SIN TÍTULO
La poesía de José Emilio Pacheco ha sido muy criticada. Quiero decir: ha sido muy comentada. Yo no se nada de poesía, excepto lo que he aprendido de aquellos críticos que hablan de poesía y, claro, de leer un poco de poesía clásica inglesa, alemana e italiana.
He leído obras de poetas extranjeros (extranjeros del español) y al pronunciar esto me viene a la memoria que mañana tengo examen de Fonética, lo que de forma instantánea reduce mis ímpetus análíticos sobre el tema que al principio planteé. Ahora pienso en lo impredecible que puede ser el comportamiento del pensamiento y en cómo estos temas pueden despertar interés en los lectores (temas como el cambiar de tema a la hora de estar pensando: inexplicable en serio).
Como estos cambios de fase son, digamos, misteriosos, llaman la atención porque se suceden cotidiana y reiteradamente y se rev(B)elan como una forma obstinada de proceder de nuestro pensamiento. Cuántas veces ocurre que están ustedes hablando con su interlocutor sobre tal o cual asunto y, de pronto, les cae una idea del tercer piso y los descalabra suavemente, de tal forma que cambian el curso de su charla y se introducen en un universo totalmente distinto del que originalmente gravitaban como aquellos peces que han sido sustraídos de su ambiente natural y han sido insertos en una pecera de ornato.
Eso, eso, digo yo, es lo misterioso.
Y absurdo, absurdo aparezco yo, tratando de desentrañar un asunto tan cotidiano como sencillo, tan banal como persistente. (¿Qué estaba diciendo?....) Ah, sí, que José Emilio Pacheco es un grafómano incurable, que ha publicado más artículos literarios en medios informativos que ningún otro escritor mexicano. Su sola presencia abate la sombra de su talento. Abrevia su obra poética mis opiniones y dejo para mejor ocasión un comentario menos apático de su producción.
Aquí sólo le guardo homenaje con uno de sus más conocidos poemas:
ALTA TRAICIÓN
No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
—y tres o cuatro ríos.
No me preguntes cómo pasa el tiempo, 1969
Luego le seguimos.
martes, diciembre 02, 2003
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DIAS PARA GUARDAR
Lunes. 8 am. Salgo a toda velocidad a la Uni. Llegué safe a primera. Literatura española porque Filosofía ya pasó, era a las 7. Poema de Fray Luis de León. Místico sin instrucciones para armar.
Lunes 8:40 am. Deserto. Regreso a casa con fuerte dolor abdominal y síntomas aleatorios que convienen únicamente a empresas papeleras. estoy tirado en cama dos horas, luego regreso al combate pero con mala fortuna, la guerra entró en un break.
Lunes, 2 am. Aterrizamos en Beautyfulville. Conduje 9 horas seguidas. Sentía que mi cuerpo era el abandonado alambique de una destilería clandestina. Mis metatarsos y mis lumbares entonaban un doliente coro de quejas. Dejamos el equipaje en el auto y fuimos a dormir inmediatamente.
Lunes, 3 am. comienzan varios viajes de circunnavegación al baño. Algo anda mal más allá del píloro.
Domingo, 3 pm. Los hijos y los yernos bajan el ataúd de la carroza. Hay tierra mojada alrededor del agujero. También hay una cruz con un nombre en letras azules. Hay lágrimas y descontrol. Luego flores, música de banda y las palabras de un tío que no puede continaur. Cae la tarde sobre el panteón desértico. Hace frío. Una familia se dispersa en todas direcciones. Mañana te llamo. Adiós. Repórtense. Tomamos la carretera cuando la noche abre su hocico de estrellas.
Martes, 8 am. Acabamos con Fray Luis de León y también discutimos por qué terminó la era de la novela de folletín, otro dinosaurio.
Martes 10 am. Franco, que ya no sorprende a nadie con el escuálido mechón de cabellos que le llega a la espalda, despierta a todos alegando que "Muero porque no muero" de Santa Teresita es una oda a la masturbación (qué nuevas). Creo que la maestra le va a poner un ocho. Alguien preguntó si Franco no tenía también un mechón de cabellos en la mano. No entendí.
Demasiadas emociones en unos cuantos días.
DIAS PARA GUARDAR
Lunes. 8 am. Salgo a toda velocidad a la Uni. Llegué safe a primera. Literatura española porque Filosofía ya pasó, era a las 7. Poema de Fray Luis de León. Místico sin instrucciones para armar.
Lunes 8:40 am. Deserto. Regreso a casa con fuerte dolor abdominal y síntomas aleatorios que convienen únicamente a empresas papeleras. estoy tirado en cama dos horas, luego regreso al combate pero con mala fortuna, la guerra entró en un break.
Lunes, 2 am. Aterrizamos en Beautyfulville. Conduje 9 horas seguidas. Sentía que mi cuerpo era el abandonado alambique de una destilería clandestina. Mis metatarsos y mis lumbares entonaban un doliente coro de quejas. Dejamos el equipaje en el auto y fuimos a dormir inmediatamente.
Lunes, 3 am. comienzan varios viajes de circunnavegación al baño. Algo anda mal más allá del píloro.
Domingo, 3 pm. Los hijos y los yernos bajan el ataúd de la carroza. Hay tierra mojada alrededor del agujero. También hay una cruz con un nombre en letras azules. Hay lágrimas y descontrol. Luego flores, música de banda y las palabras de un tío que no puede continaur. Cae la tarde sobre el panteón desértico. Hace frío. Una familia se dispersa en todas direcciones. Mañana te llamo. Adiós. Repórtense. Tomamos la carretera cuando la noche abre su hocico de estrellas.
Martes, 8 am. Acabamos con Fray Luis de León y también discutimos por qué terminó la era de la novela de folletín, otro dinosaurio.
Martes 10 am. Franco, que ya no sorprende a nadie con el escuálido mechón de cabellos que le llega a la espalda, despierta a todos alegando que "Muero porque no muero" de Santa Teresita es una oda a la masturbación (qué nuevas). Creo que la maestra le va a poner un ocho. Alguien preguntó si Franco no tenía también un mechón de cabellos en la mano. No entendí.
Demasiadas emociones en unos cuantos días.
sábado, noviembre 29, 2003
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REQUIEM PARA EL AFUERISMO
A veces las banderas del placer ondean a media asta.
Meto el acelerador de la resignación cada 28 días.
Una tras otra aglutinan pretextos las olas de tus mares. Hueles a sal yodatada.
Guardo en mi cartera una foto de tu recuerdo, en la foto aparece mi corbata.
El suave rumor de tu aliento se estrella contra mi último adiós.
Al fin una pulmonía mató a Kafka.
Sobre el velero de mis sueños vaga absorto tu desdén.
Contra mi voluntad, enarbolo un escudo de nostalgias.
Amargo el sabor del amago. (Remember Saramago).
Roza el ruido de una bala el laberinto de mi oído, te marchas.
Agudizo mis sentidos ante el rayo traicionero del halago.
REQUIEM PARA EL AFUERISMO
A veces las banderas del placer ondean a media asta.
Meto el acelerador de la resignación cada 28 días.
Una tras otra aglutinan pretextos las olas de tus mares. Hueles a sal yodatada.
Guardo en mi cartera una foto de tu recuerdo, en la foto aparece mi corbata.
El suave rumor de tu aliento se estrella contra mi último adiós.
Al fin una pulmonía mató a Kafka.
Sobre el velero de mis sueños vaga absorto tu desdén.
Contra mi voluntad, enarbolo un escudo de nostalgias.
Amargo el sabor del amago. (Remember Saramago).
Roza el ruido de una bala el laberinto de mi oído, te marchas.
Agudizo mis sentidos ante el rayo traicionero del halago.
viernes, noviembre 28, 2003
jueves, noviembre 27, 2003
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AMENAZAS
Solidaridad con Eterno Retorno, aka Daniel Salinas. El oficio de picateclados tiene sus riesgos. Vean el post del 25 de noviembre.
AMENAZAS
Solidaridad con Eterno Retorno, aka Daniel Salinas. El oficio de picateclados tiene sus riesgos. Vean el post del 25 de noviembre.
miércoles, noviembre 26, 2003
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MAÑANA HAY CLASES
Volví a ganar en el billar. Es todo. Voy llegando. A quien le importa. Está a punto de finalizar el semestre. Los maestros ya se mueren por irse de vacaciones. Yo también. Poe no era lo que tú crees. Un cuate se siente con derechos a censurar los blogs e imponer reglas. Yo no creo en esas reglas. Prefiero los compases. También los de música, especialmente el de 3/4. Hoy canté un dueto de zarzuela en un evento del INEGI. No pagaron. Lo hice por gusto. El gusto es algo extraño. Lo extraño pone nerviosos a algunos. Algunos creen que con nuevas reglas van a detener la euforia. La euforia es una forma de vida. La vida se expresa por su cuenta. Cuenta con sus propias reglas. Las reglas existen a pesar de nosotros. Somos tontos. Deseamos creer que nosotros inventamos las reglas. Estupidez total. Igual que las vanguardias. Las vanguardias crearon nuevos cánones pensando que rompían con las reglas. Sólo crearon nuevas reglas, pero artificiales. El experimento fracasó. Como la contracultura. Fue un espejismo. Los hippies han venido muriendo de cáncer. También George Harrison. Lennon murió de cáncer en el cerebro de su ejecutor. ¿Ven? el cancér es terrible. El feminismo es una enfermedad de los 80s. Ya caducó. Igual que el dengue, aparece de nuevo. Existe, a pesar de ser parodia. Las parodias son imagen desgastada de la realidad. La realidad es una. Nosotros pensamos que son muchas. Idiotas. Por ejemplo: Poe vive.
MAÑANA HAY CLASES
Volví a ganar en el billar. Es todo. Voy llegando. A quien le importa. Está a punto de finalizar el semestre. Los maestros ya se mueren por irse de vacaciones. Yo también. Poe no era lo que tú crees. Un cuate se siente con derechos a censurar los blogs e imponer reglas. Yo no creo en esas reglas. Prefiero los compases. También los de música, especialmente el de 3/4. Hoy canté un dueto de zarzuela en un evento del INEGI. No pagaron. Lo hice por gusto. El gusto es algo extraño. Lo extraño pone nerviosos a algunos. Algunos creen que con nuevas reglas van a detener la euforia. La euforia es una forma de vida. La vida se expresa por su cuenta. Cuenta con sus propias reglas. Las reglas existen a pesar de nosotros. Somos tontos. Deseamos creer que nosotros inventamos las reglas. Estupidez total. Igual que las vanguardias. Las vanguardias crearon nuevos cánones pensando que rompían con las reglas. Sólo crearon nuevas reglas, pero artificiales. El experimento fracasó. Como la contracultura. Fue un espejismo. Los hippies han venido muriendo de cáncer. También George Harrison. Lennon murió de cáncer en el cerebro de su ejecutor. ¿Ven? el cancér es terrible. El feminismo es una enfermedad de los 80s. Ya caducó. Igual que el dengue, aparece de nuevo. Existe, a pesar de ser parodia. Las parodias son imagen desgastada de la realidad. La realidad es una. Nosotros pensamos que son muchas. Idiotas. Por ejemplo: Poe vive.
martes, noviembre 25, 2003
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TRANSDIARIO
Eran como las 10:30 de la mañana, la vi por primera vez esa vez, se había casado hacía poco. Por esos días acababa de nacer mi primogénita y vivíamos en un segundo piso en la colonia Cuauhtémoc. Un par de días antes me asusté mucho porque mi niña padeció convulsiones febriles y eso me recordó imágenes que hubiera deseado haber olvidado, ya no, ahora ya no me asustan. Esas imágenes son las de mi mamá contorsionándose por la epilepsia que padecía. Su padecimiento venía desde la infancia y mi gran temor era que mi hija hubiese heredado la enfermedad. Pero no fue así. A veces es fácil confundir esos padecimientos, pero son cosas diferentes.
Después de que la ví por primera vez me di a la tarea de ignorarla pero después caí en cuenta de que no soy bueno ignorando cosas. Hay cosas que pasan enfrente de uno y se quedan, pero a veces, pasan cosas que se quedan en uno sin que nos demos cuenta. Nos damos cuenta después, cuando esas cosas que aparentemente eran ignoradas, permanecían atadas a nosotros de alguna manera.
No quise ser grosero con ella, pero el día que me di cuenta de que yo tampoco había pasado desapercibido a su atención, me preguntaba si ella era conciente de su situación y, de ser así, si ella había intentado dejarlo pasar, como quien incuba una duda capciosa. Esto puede parecer complicado, pero no lo es. Todo mundo sabe disimular o simular, para el caso es lo mismo. Todos sabemos fingir que no vemos ciertas cosas y las guardamos tras el espejo de la prudencia. Pero los objetos, las circunstancias y sus tentáculos cobran vida propia y nos obligan a detenernos. Y creo que este fue el caso en ambos. Pero ella no se complica la vida. Es, digamos, práctica. Existe una cierta inercia en los sucesos que nubla la voluntad y precipita las cosas. Y las cosas se precipitaron.
Así fue que ocurrió todo. Separaciones, nuevos encuentros. Dolores de cabeza, inadecuaciones. Por entonces tuvo lugar el terremoto de 1985 y eso contribuyó a que las cosas tomaran un rumbo inesperado. Jamás regresaría a la colonia Cuauhtémoc a vivir. Pero eso fue harina de otro costal.
TRANSDIARIO
Eran como las 10:30 de la mañana, la vi por primera vez esa vez, se había casado hacía poco. Por esos días acababa de nacer mi primogénita y vivíamos en un segundo piso en la colonia Cuauhtémoc. Un par de días antes me asusté mucho porque mi niña padeció convulsiones febriles y eso me recordó imágenes que hubiera deseado haber olvidado, ya no, ahora ya no me asustan. Esas imágenes son las de mi mamá contorsionándose por la epilepsia que padecía. Su padecimiento venía desde la infancia y mi gran temor era que mi hija hubiese heredado la enfermedad. Pero no fue así. A veces es fácil confundir esos padecimientos, pero son cosas diferentes.
Después de que la ví por primera vez me di a la tarea de ignorarla pero después caí en cuenta de que no soy bueno ignorando cosas. Hay cosas que pasan enfrente de uno y se quedan, pero a veces, pasan cosas que se quedan en uno sin que nos demos cuenta. Nos damos cuenta después, cuando esas cosas que aparentemente eran ignoradas, permanecían atadas a nosotros de alguna manera.
No quise ser grosero con ella, pero el día que me di cuenta de que yo tampoco había pasado desapercibido a su atención, me preguntaba si ella era conciente de su situación y, de ser así, si ella había intentado dejarlo pasar, como quien incuba una duda capciosa. Esto puede parecer complicado, pero no lo es. Todo mundo sabe disimular o simular, para el caso es lo mismo. Todos sabemos fingir que no vemos ciertas cosas y las guardamos tras el espejo de la prudencia. Pero los objetos, las circunstancias y sus tentáculos cobran vida propia y nos obligan a detenernos. Y creo que este fue el caso en ambos. Pero ella no se complica la vida. Es, digamos, práctica. Existe una cierta inercia en los sucesos que nubla la voluntad y precipita las cosas. Y las cosas se precipitaron.
Así fue que ocurrió todo. Separaciones, nuevos encuentros. Dolores de cabeza, inadecuaciones. Por entonces tuvo lugar el terremoto de 1985 y eso contribuyó a que las cosas tomaran un rumbo inesperado. Jamás regresaría a la colonia Cuauhtémoc a vivir. Pero eso fue harina de otro costal.
lunes, noviembre 24, 2003
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HE PERDIDO ALGUNOS AMIGOS
Tengo amigos que roban libros. Algunos escriben en blogs. Un amigo que he perdido era (o es, no lo sé de cierto), digamos, un maestro en el arte de sustraer libros de librerías de prestigio (y de otras sin prestigio alguno). Conocía el horario de comida de los dependientes y sabía con toda exactitud que la hora del almuerzo nublaba la vista y el alcance de los empleados. Era esa la hora favorita para tender su red depredadora. CM son las iniciales de este amigo que, entrañable y querido, he perdido sin remedio en el devenir de estos años, lo he extraviado como quien pierde un número telefónico o a un fantasma familiar.
Lo recuerdo con mucho afecto por su ingenio literario desembarazado de la fanfarronería académica y por su recelo de las opiniones sabihondas. Hablaba con soltura del siglo de oro español y conocía al dedillo a los novelistas de principios del siglo xx, pero no era fanfarrón, era más bien humilde a pesar de su erudición (o quizá su erudición radicaba en ser humilde).
Me dicen que actualmente encabeza un ministerio de cultura en uno de esos municipios que se connurban con Monterrey, yo que sé, y guardo la esperanza de encontrármelo.
¿Qué hora es?
HE PERDIDO ALGUNOS AMIGOS
Tengo amigos que roban libros. Algunos escriben en blogs. Un amigo que he perdido era (o es, no lo sé de cierto), digamos, un maestro en el arte de sustraer libros de librerías de prestigio (y de otras sin prestigio alguno). Conocía el horario de comida de los dependientes y sabía con toda exactitud que la hora del almuerzo nublaba la vista y el alcance de los empleados. Era esa la hora favorita para tender su red depredadora. CM son las iniciales de este amigo que, entrañable y querido, he perdido sin remedio en el devenir de estos años, lo he extraviado como quien pierde un número telefónico o a un fantasma familiar.
Lo recuerdo con mucho afecto por su ingenio literario desembarazado de la fanfarronería académica y por su recelo de las opiniones sabihondas. Hablaba con soltura del siglo de oro español y conocía al dedillo a los novelistas de principios del siglo xx, pero no era fanfarrón, era más bien humilde a pesar de su erudición (o quizá su erudición radicaba en ser humilde).
Me dicen que actualmente encabeza un ministerio de cultura en uno de esos municipios que se connurban con Monterrey, yo que sé, y guardo la esperanza de encontrármelo.
¿Qué hora es?
domingo, noviembre 23, 2003
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ANDABA DANDO LA VUELTA CON MARIANO
Observen esto, una disculpa caballeresca: camaradas que me leen a veces, ruego a ustedes mis más sinceras disculpas por no haber escrito nada para ustedes en tres días (ay sí, cuánto pesar en la blogósfera porque no has escrito).
Ahora una explicación: sin afán de ser pesado, el problema es que ando a finales de semestre (eso que apenas es noviembre) y pues, tanto los teachers como yo ya nos morimos por bajar la cortina y lanzarnos al maremágnum decembrino. Pero antes, pues está la entrega de trabajos. Hoy me la pase desde la madrugada escribiendo sobre los trucos narrativos de mi novelista mexicano favorito: Don Mariano Azuela, ensayista chingón y crítico pendenciero y jugador. Me gusta mucho cómo se la cura de los literatos y de esos buscachambas que él denomina "criticastros". Los que le han echado un ojo a Los de abajo y se han prendido (no es albur) denle un llegue a La Malhora, La luciérnaga o El camarada Pantoja y díganme si no se las come vivas Don Azuela. Es obvio que se leyó enterito a Joyce o a la maestra Woolf y les copió dos tres cositas, pero no pierde el tonito mexicanote que le caracteriza.
Don Marianito anduvo en la bola y le fue muy bien, las balas nomás no le entraron y aprovechó su condición de médico para hacerse indispensable dondequiera que se metía, luego de ahí agarró un resto de tips para hacer sus narraciones. Así cualquiera, ¿no?.
Pero, pues nosotros somos de otra generación, no queremos la guerra, queremos el amor y por eso nos sales puras narraciones balines. Pérense, pérense no se vayan, es cotorreo. No es cierto, en materia escritural me apego a lo que dice el Bellatin: el que es escritor, es escritor, punto. Pos claro, muchos cabrones también fueron a la Revo y no escribieron ni su epitafio (no tuvieron tiempo). Ahí está: el que es escritor, es escritor.
Esto estaba yo pensando cuando escribía mi ensayo sobre Azuela pero no me cuadraba nada. Finalmente algo salió y viéndolo así objetivamente, le echo un 95 de calificación. Viendo las cosas con el rigor del señor que vende churros, menos de 95 raya en la depresión. Lo bueno es que a mí la depresión me dura lo mismo que un aforismo del Luigi Amara. En serio, no soy depresivo ni nada por el estilo, no tengo tiempo. Pero si se trata de llorar, pues me pongo a buscar algún blog con fondo negro (como el de la erika mergruen) y ya está, leo unos dos-tres post y ya estoy llorando (aclaro que es por el contraste de colores, no por otra cosa). Luego me aliviano y me lanzo al Charquito, en la página 27 del post de hoy empieza a darme sueño y ¡listo!, ni quien se acuerde de la depresión. Por cierto, qué duro le metieron unas poetas camaradas al Éktor Henrique, le dijeron hasta de lo que se iba a morir aún si llegara a reencarnar. A mis amigas les digo que no lo agarren tan en serio, contra aquello que les parezca machista o sexista, lo mejor son unas bocanadas de humor y unos chistes guajoloteros. (Oye Humphrey, ¿Y ahora de donde saliste consejero de poetas y poetos?, vale más que ni te metas porque también a tí te va a tocar).
Bueno, ya me voy, esto se está prolongando demasiado. Feliz san lunes.
ANDABA DANDO LA VUELTA CON MARIANO
Observen esto, una disculpa caballeresca: camaradas que me leen a veces, ruego a ustedes mis más sinceras disculpas por no haber escrito nada para ustedes en tres días (ay sí, cuánto pesar en la blogósfera porque no has escrito).
Ahora una explicación: sin afán de ser pesado, el problema es que ando a finales de semestre (eso que apenas es noviembre) y pues, tanto los teachers como yo ya nos morimos por bajar la cortina y lanzarnos al maremágnum decembrino. Pero antes, pues está la entrega de trabajos. Hoy me la pase desde la madrugada escribiendo sobre los trucos narrativos de mi novelista mexicano favorito: Don Mariano Azuela, ensayista chingón y crítico pendenciero y jugador. Me gusta mucho cómo se la cura de los literatos y de esos buscachambas que él denomina "criticastros". Los que le han echado un ojo a Los de abajo y se han prendido (no es albur) denle un llegue a La Malhora, La luciérnaga o El camarada Pantoja y díganme si no se las come vivas Don Azuela. Es obvio que se leyó enterito a Joyce o a la maestra Woolf y les copió dos tres cositas, pero no pierde el tonito mexicanote que le caracteriza.
Don Marianito anduvo en la bola y le fue muy bien, las balas nomás no le entraron y aprovechó su condición de médico para hacerse indispensable dondequiera que se metía, luego de ahí agarró un resto de tips para hacer sus narraciones. Así cualquiera, ¿no?.
Pero, pues nosotros somos de otra generación, no queremos la guerra, queremos el amor y por eso nos sales puras narraciones balines. Pérense, pérense no se vayan, es cotorreo. No es cierto, en materia escritural me apego a lo que dice el Bellatin: el que es escritor, es escritor, punto. Pos claro, muchos cabrones también fueron a la Revo y no escribieron ni su epitafio (no tuvieron tiempo). Ahí está: el que es escritor, es escritor.
Esto estaba yo pensando cuando escribía mi ensayo sobre Azuela pero no me cuadraba nada. Finalmente algo salió y viéndolo así objetivamente, le echo un 95 de calificación. Viendo las cosas con el rigor del señor que vende churros, menos de 95 raya en la depresión. Lo bueno es que a mí la depresión me dura lo mismo que un aforismo del Luigi Amara. En serio, no soy depresivo ni nada por el estilo, no tengo tiempo. Pero si se trata de llorar, pues me pongo a buscar algún blog con fondo negro (como el de la erika mergruen) y ya está, leo unos dos-tres post y ya estoy llorando (aclaro que es por el contraste de colores, no por otra cosa). Luego me aliviano y me lanzo al Charquito, en la página 27 del post de hoy empieza a darme sueño y ¡listo!, ni quien se acuerde de la depresión. Por cierto, qué duro le metieron unas poetas camaradas al Éktor Henrique, le dijeron hasta de lo que se iba a morir aún si llegara a reencarnar. A mis amigas les digo que no lo agarren tan en serio, contra aquello que les parezca machista o sexista, lo mejor son unas bocanadas de humor y unos chistes guajoloteros. (Oye Humphrey, ¿Y ahora de donde saliste consejero de poetas y poetos?, vale más que ni te metas porque también a tí te va a tocar).
Bueno, ya me voy, esto se está prolongando demasiado. Feliz san lunes.
jueves, noviembre 20, 2003
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LA REVOLUCIÓN NOS DA UN RESPIRO
Los 20 de noviembre son días muertos, como la Revolución. El desfile deportivo-militar no alcanza para levantar el ánimo de la gente. Hay un grito de rebeldía en los bolsillos que rechazan las melosas palabras de las estadísticas oficiales sobre el crecimiento. Atiza el gobierno la cultura del ya merito pero la economía no alcanza a prender motores y Fox le apuesta su resto a la reforma eléctrica. Mientras esta se aprueba, el presidente le fundió los fusibles al embajador en la ONU, Adolfo Aguilar Zinser quien a partir del 1 de enero tendrá que consultar el aviso económico en busca de chamba. La globalización viene marcando el paso imponiendo Wal-marts y Home depots a su paso. En Beautyfulville la instalación de una nueva planta de la Ford se ve como la gran panacea al entrampamiento económico, laboral y poblacional que viene ahorcando al estado. La ciudad se dispone a absorber, sólo por efecto directo de la planta Ford, 27 mil nuevos moradores.
Rotos los sueños de convertirnos en un país industrial, el gobierno y los empresarios aplauden la inversión extranjera, es decir, la gringa, en materia de maquiladoras y grandes galerones comerciales, como si fuese un destino manifiesto. Me extraña que no veamos aún en el desfile del 20 de noviembre carros alegóricos de Mc Donald's y KFC, que forman parte ya de nuestra mexicanidad.
La búsqueda de nuestros intelectuales de la identidad nacional, la mexicanidad famosa, se ha extraviado entre la diletancia filosófica y el amor al dinero. Nadie quiere soltar su teta, y los intelectuales son parte fundamental del sistema, son los que le dan justificación. Su interpretación de nuestra realidad no alcanza a explicar los sinsentidos electorales, la abulia generalizada y la ausencia de la estrella polar en el horizonte. La vida intelectual de México se ha convertido en un amasijo de complicidades, el gobierno, la comunidad "pensante" y los medios informativos predominantes se reparten la luz de los reflectores.
Por eso el 20 de noviembre se ha convertido en ocasión idónea para estrenar tenis, armar puentes escolares y buscar un cachito de ficticia felicidad en la ausencia de actividad laboral. La Revolución Mexicana al menos nos ha dado eso, un día de descanso.
LA REVOLUCIÓN NOS DA UN RESPIRO
Los 20 de noviembre son días muertos, como la Revolución. El desfile deportivo-militar no alcanza para levantar el ánimo de la gente. Hay un grito de rebeldía en los bolsillos que rechazan las melosas palabras de las estadísticas oficiales sobre el crecimiento. Atiza el gobierno la cultura del ya merito pero la economía no alcanza a prender motores y Fox le apuesta su resto a la reforma eléctrica. Mientras esta se aprueba, el presidente le fundió los fusibles al embajador en la ONU, Adolfo Aguilar Zinser quien a partir del 1 de enero tendrá que consultar el aviso económico en busca de chamba. La globalización viene marcando el paso imponiendo Wal-marts y Home depots a su paso. En Beautyfulville la instalación de una nueva planta de la Ford se ve como la gran panacea al entrampamiento económico, laboral y poblacional que viene ahorcando al estado. La ciudad se dispone a absorber, sólo por efecto directo de la planta Ford, 27 mil nuevos moradores.
Rotos los sueños de convertirnos en un país industrial, el gobierno y los empresarios aplauden la inversión extranjera, es decir, la gringa, en materia de maquiladoras y grandes galerones comerciales, como si fuese un destino manifiesto. Me extraña que no veamos aún en el desfile del 20 de noviembre carros alegóricos de Mc Donald's y KFC, que forman parte ya de nuestra mexicanidad.
La búsqueda de nuestros intelectuales de la identidad nacional, la mexicanidad famosa, se ha extraviado entre la diletancia filosófica y el amor al dinero. Nadie quiere soltar su teta, y los intelectuales son parte fundamental del sistema, son los que le dan justificación. Su interpretación de nuestra realidad no alcanza a explicar los sinsentidos electorales, la abulia generalizada y la ausencia de la estrella polar en el horizonte. La vida intelectual de México se ha convertido en un amasijo de complicidades, el gobierno, la comunidad "pensante" y los medios informativos predominantes se reparten la luz de los reflectores.
Por eso el 20 de noviembre se ha convertido en ocasión idónea para estrenar tenis, armar puentes escolares y buscar un cachito de ficticia felicidad en la ausencia de actividad laboral. La Revolución Mexicana al menos nos ha dado eso, un día de descanso.
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