viernes, septiembre 12, 2008

DE LIBROS Y CAOS
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___Mi biblioteca, si se la puede llamar así, es un conjunto de libreros dispuestos de forma heterogénea en varios espacios de mi casa, esto no es de ninguna manera una cuestión de estilo sino de dejadez, fruto de ir amontonando libros en función de su uso o conforme llegan nuevas obras, sin mayor sentido del orden que la casualidad. Quizá el cuarto de trebejos sea el destino menos afortunado de muchos de estos ejemplares.
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___Siendo esta ciudad como es, polvorienta y extremosa, no sería de extrañar que tras una revisión médica rigurosa muchos de los libros resultaran con problemas pulmonares o de las vías respiratorias, uno de Moliére, por ejemplo, que me acompaña desde que vivía en el D.F., tiene una gruesa capa de algo compuesto por polvo, grasa y años. Es El avaro en una versión que creo haber encontrado en algún puesto de libros usados de la calle de Tacuba, no lo recuerdo de cierto, pero me produce congoja pedirle que se bañe o se dé una acicaladita.
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___Esta fragmentada biblioteca y este fragmentado yo llevamos una relación que casi raya en la violencia intrafamiliar. De pronto busco infructuosamente un libro que necesito consultar y entro en un estado de perturbación que me lleva a recurrir a vocabularios poco pertinentes; la angustia de tales circunstancias suele llevarme a profundas reflexiones sobre taxonomía, orden y dedicación, eso como sedante de impulsos piromaníacos o de destrucción mutua asegurada que afloran cuando los libros se hacen los occisos, disimulan ausencia o se mimetizan con el polvo.
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___Con los años, la biblioteca, insisto en llamarla así, ha ido creciendo de forma caótica aunque orgullosa y simpática. Revueltos y apretados, conviven cuentos con dramas, biografías con novelas y poemarios con ensayos, amén de otras variedades inclasificables que han hallado modo de quedarse ahí. De alguna manera, su circunstancia refleja la mixtura de géneros, formas y modos en que se regodea actualmente la literatura. Pasan los veranos y con ellos las intenciones de, cierto día, ordenar aquella orgía de títulos e imponer algún sistema que permita convertir el montón en una colección humanamente manejable.
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___Pero, sabe, a lo mejor con el orden mis libreros perderán su inveterado encanto.
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___("¿Qué demonios es 'inveterado'?" -Ah, búscalo en el Larrouse-. "Larousse va con doble s, no con doble r". -Bueno: Larousse, pues-).
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2 comentarios:

Carlos Mal Pacheco dijo...

Cuando era muy joven y creía en la Literatura y leía libros soñaba con tener una biblioteca en casa como esas de las películas, con todas las paredes forradas de libros con lomo de cuero y animales disecados, planetarios viejos, viejos diplomas y fotos de mis antepasados.

Pero después me di cuenta de que en mis libreros estaban ejemplares de Gargantúa y Pantagruel de Porrúa, en indecorosa traducción al español, un chingo de libros a los que los gringos llaman "paperback" (o sea, baratos) y para acabar, todos los libros tenían tamaños diferentes, cosa que se vería horrible en un librero como los de mis sueños.

Y luego está el hecho de que ya no compro libros y luego que ya no leo nada que tenga páginas.

Eso que decían los tecnófilos de que el libro sería cosa del pasado a lo mejor no es tan mariguano. Al menos no en mi mundo.

Salud.

arboltsef dijo...

Ahh, pues ... mi mujer y yo, a pesar que en algunos países somos criminales por tener gigas y gigas, y gigas de libros, igual hemos empezado la biblioteca de nuestra casa, la cual insistimos es el pulmón (haciendo ilusión a tu tierra y sus males) del hogar.

Compró un librero un día, y cuando desperté ya lo tenía instalado y lleno. Ella solita se las arregla para hacerme sentir inútil, pero creo que es menester de todos los literatos (y probablemente todas las profesiones) sentirse inútiles ante una (especialmente su) mujer.

Para los hombres opulentos y físicamente capaces, tengo palabrotas, ja. Pero ya me separé del tema.

Estamos en vías de comprar más libreros, y poner aquellos libros que se han pegado a nuestras manos. (Si aparecen mientras duermo, ¿pues qué otra más que "estar en vías de", y esperar. Así como que... -te chingas muchachito, va a pasar quieras o no-). De la misma forma, hemos recorrido librerías de segunda mano para ver que tesoros encontramos.

Ha sido una bonita vida, hasta el momento.

Un abrazo.