miércoles, abril 20, 2005

EL HOMBRE MUERTO

Me topé con una edición baratísima de cuentos de Horacio Quiroga. Releo "El hombre muerto" en el que se narra la breve agonía de un hombre que se ha herido de muerte con su propio machete; el inesperado accidente ocurre en su platanar a media mañana, cuando se dispone descansar luego de sus labores matutinas.

Quiroga utiliza a un narrador omnisciente focalizado en su protagonista, el hombre vivo-muerto, para configurar al personaje y darnos información alrededor del accidente. Su discurso indirecto, adquiere una especie de reencarnación del personaje de forma que el lector se enfrenta no a un mero discurso indirecto, sino a un narrador que parece hablar desde la mente del personaje:

“¡Pero sí! Alguien silba... No puede ver, porque está de espaldas al camino".

Aquí percibimos al narrador en tercera persona pero respondiéndose como si fuese él mismo la mente del personaje.

En ciertos momentos el personaje y el narrador parecen ser el mismo hablante, lo que pude confundir al lector. Esta confusión inducida por el autor mediante esta ambigua forma de narrar, parece ser un factor determinante para crear la atmósfera que pretende: la confusión propia del que enfrenta una agonía que parece llevarle a una muerte ineludible e inesperada.

Este estilo narrativo fortalece la serie de interrogantes que surgen en esa circunstancia. Reflexionando, el personaje parece concientizarse de su situación:

“¿Aun?... No han pasado dos segundos: el sol está exactamente a la misma altura; las sombras no han avanzado un milímetro. Bruscamente, acaban de resolverse para el hombre tendido las divagaciones a largo plazo: Se está muriendo. Pero el hombre abre los ojos y mira...”

Luego a pasar por el delirio de no aceptar lo inevitable:

“¡Muerto! ¿Pero es posible? ¿No es éste uno de los tantos días en que ha salido al amanecer de su casa con el machete en la mano?"

Habrá otras reflexiones pero el curso ya está definido. Finalmente habrá que enfrentar el hecho irreductible. ¿Cómo? De alguna manera. Puede buscarse una resignación de una manera no dolorosa: confundir a la muerte con un sueño; la muerte como descanso.

“Puede aún alejarse con la mente, si quiere; puede si quiere abandonar un instante su cuerpo y ver... (está) descansando, porque está muy cansado...”

Quiroga toma dos elementos que conforman los límites de los sucesos que narra: el tiempo, al que hace referencias específicas en varios momentos de la agonía, y las reflexiones circunscritas a ese tiempo, previo a la muerte, que nos hace suponer, ocurren en este individuo sorprendido por un accidente mortal y sorprendente. Un accidente que no debió ocurrir a un hombre experimentado en el uso del machete, una situación que impone su propia lógica.

Quiroga nos plantea que la muerte es un suceso ineludible que puede presentarse en cualquier parte, a cualquier individuo y nos brinda la oportunidad de compartir una reflexión probable.

1 comentario:

Sandino Cruz dijo...

Ese cuento es de los más impecables que he leido, gracias por dar su punto de vista. Saludos y que su computadora resucite.