lunes, septiembre 15, 2008

EL REINO DE NEPTUNO
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___Realizamos dos inmersiones, pero valieron por tres porque cada una duró casi hora y media porque, claro, no bajamos a gran profundidad pero resultó suficiente para realizar varias destrezas y ejercicios de flotabilidad que nos colocan al borde de la certificación. Falta ahora visitar la isla San Pedro Nolasco, tirarnos desde el bote y sumergirnos a 60 pies de profundidad, controlar la descompresión, hacer paradas de seguridad a 15 pies y regresar sanos y salvos a la superficie. El maestro Juan Carlos Chee sabe su negocio y no se impacienta con nuestros errores y necedades.
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___La Bahía del Gringo es una pequeña ensenada rocosa que tiene su encanto a pesar de que los visitantes y los pescadores locales no son lo aseados que uno desearía, además está muy cerca de Beautyfulville. A medio kilómetro se encuentra la playa de San Agustín, otrora un rincón favorito de buzos locales y extranjeros pero ahora convertido en una fructífera granja de larva de camarón. Ni modo, ahí chambea la gente de los ejidos cercanos.
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___Pero, prácticas aparte, pudimos disfrutar de la riqueza de la fauna submarina. Observamos los tradicionales morados, meros y cochitos, cardúmenes de roncachos adolescentes y los infaltables y preciosos peces payaso. De contarse, encontramos un caballito de mar, especie por demás difícil de observar por su inteligente camuflaje. Estaba sobre el fondo, inmóvil, tirado junto a una formación dorada de sargazo, pensamos que estaba muerto pero no era así, el problema era que había perdido las aletas quizá a causa de algún enemigo voraz que hizo el daño y se fue. Estaba condenado a morir.
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___Vimos también un par de peces escorpiones y tuvimos un encuentro cercano con un pez globo. Estaba dormido. El maestro lo levantó del fondo y lo hizo enojar, se infló y mostró sus atemorizadores espinas. El secreto es que una vez que este pez se expande, pierde su capacidad de movimiento y nada torpemente. Pudimos tocarlo y pasarlo de mano en mano para luego dejarlo escapar.
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___Estrellas de mar de diversos calibres y colores, almejas, callos de hacha, pepinos, erizos y otras formas de vida subacuática que no alcanzaría a detallar completaron el panorama de una expedición que no duró más de 12 horas.
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___Por la noche, cansados y con la piel colorada, regresamos por el camino del Palo Verde, con nuestro imaginario gratamente ensanchado.
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2 comentarios:

mar adentro dijo...

Wow!!! Nacho!! Felicidades por esos dos buceos y por todo lo que encontraron. Gracias por compartirlo, al leerlo casi pude escuchar las burbujas y sentirme ahí debajo. Bien por todas las aventuras submarinas que vienen.

Saludos.

Jani dijo...

Leer tu crónica fue viajar a ese extraño y hermoso mundo que me aterra y me asombra y me llama de lejos con su voz de oleaje... Gracias por contármelo...