lunes, noviembre 19, 2007

DIGRESIONES BAJO EL ASEDIO DE LOS SIGNOS
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___Tengo tres días sin pararme por aquí y en esos tres días han transcurrido unos 700 kilómetros de carretera, un encuentro con gente desconocida e interesante, una boda, una fiesta cumpleaños, lecturas en penumbras y también algo de trabajo de subsistencia. Hoy que es un lunes extraño, es decir, un lunes con cara de domingo, me he puesto de pie a duras penas a las 9:30 y siento aún el dulce aliento del Habana Club blanco-reposado de anoche.
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___Antes de tomar la carretera hablábamos de si la digresión cabía bien en lo que se entiende como recurso estilístico, pero, luego se semanas enteras de una actividad polimorfa, de entrecruce de eventos literarios, musicales y sociales, de sorpresivas visitas e inéditas lecturas, voy cayendo en cuenta que la vida se convierte cada vez más una digresión toda.
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I
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___José Agustín subió al estrado con una sonrisa que no se puede quitar del rostro y que quizá explica por qué su cara no se arruga a pesar de la edad. Se le anunció como el rockstar que es y el callejón Velazco se llenó de fans, literatos y curiosos. Yo me llevó a la profesora Barei porque ella quería verlo y escucharlo y conocer un poco más de cerca a los actores de la literatura mexicana. Carlos Moncada hizo una presentación breve y alegre que el invitado agradeció cálidamente, antes de despacharse la lectura que tenía en la bolsa para la Feria del Libro de Hermosillo.
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___José Agustín es tan bueno para leer como para escribir y ahora su discurso fue un relato autobiográfico que abarcó desde sus pininos como escritor, sus andanzas en las avenidas literarias de los sesenta, los setenta y más allá, y, quizá sin querer, un involuntario panorama de las letras mexicanas en el final del siglo veinte.
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___La lectura fue también un homenaje a Juan José Arreola, cuyo taller de creación literaria sirvió de olla lenta para un grupo de escritores jóvenes que deseaban hacerse oir ( es decir, leer) entre los que se encontraba el propio José Agustín. Fue de alguna manera una hojeada veloz sobre los sexenios de la ignominia, la emergencia de las revistas literarias, Tlatelolco, la izquierda mexicana y otros menjurjes que le pusieron sabor al caldo de esa época, una que para el escritor aún no termina. Sigue escribiendo bonito José Agustín y tiene en muy alta estima la amistad y lo genuino. Se refirió con palabras que uno quisiera secuestrar a Gustavo Sáinz, Gerardo de la Torre, Alejandro Áura y otros que anduvieron con él por las mismas alcantarillas, bares y comandancias policíacas. Habría que conseguir el texto completo porque es un capítulo de la literatura nacional que está aún escribiéndose.
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II
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___El viernes salí de las sábanas a las 4:30 y como coincidir no es tan fácil a esa hora, venimos tomando carretera hasta cerca de las 7 en el Golf blanco de Esteban que se portó muy bien a pesar de la sinfonía que armaron las bandas del generador en la mayor parte del viaje. Llegamos a tiempo a la inauguración del 5to Encuentro de Escritores en Ciudad Obregón que Juan Manz, Mara Romero y un grupo de entusiastas amigos han venido convirtiendo en saboreable costumbre anual.
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___Al llegar al auditorio de la Biblioteca Pública, Juan me presentó a Dante Medina, escritor oriundo de Jilotepec de los Dolores, Jalisco que porta en su cinturón una anforita en forma de celular que lo mantiene en contacto telefónico directo con Tequila, Jalisco, según me explica. Dante se parece mucho al bluesero John Mayall cuando éste era joven, y tiene muchos libros y kilómetros recorridos. Trae desplegadas las velas de la amistad y porta un sello portátil con su correo electrónico que ofrece a la menor provocación. Cuando lee sus textos en público, Dante no puede ocultar un ligero acento francés que a Emilio de plano no le gustó. Traje dos libros suyos.
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___Conocí también a Uberto Stábile, Antonio Orihuela y Luna Inmaculada (así se llama) de Andalucía y las Canarias; a Jorge Calvimontes de Bolivia, Saúl Ibargoyen, exiliado uruguayo y ahora mexicano; y también a Francisco Hernández, César Arístides, Will Rodríguez, Federico Corral, Miguel Alberto Espinoza y otros mexicanos que nomás conocía de oídas o de leídas. Ahí estuvieron también además de los que viajaron conmigo en el Golf blanco, Gloria del Yaqui, Carlos Moncada, Raúl Acevedo, Elia Casillas, Juan Diego González y muchos otros que teclean versos y narran cosas. Fueron dos días de intensas lecturas, de intercambio de banderines, de vino tinto chileno y gran hospitalidad por parte de los anfitriones; el encuentro concluyó con la presentación de "El arte del primer capítulo" a cargo de nuestro compita Élmer Mendoza. Para no desentonar, en los patios de la biblioteca nos despidieron con una carne asada y more wine. Nada que reclamar, así que nos marchamos con la amenaza de regresar. Manejé de regreso sin mayor escala.
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___(Luego le sigo...)
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