jueves, agosto 06, 2009






EN SONORA "TAMBIÉN HACE AIRE"




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Vista frontal de la cabaña en Yécora
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___Regreso a este sitio con la inercia con que algunas bacterias regresan a su huésped. Quien se refiera a Sonora tan solo por su esencia desértica estará soslayando esa otra parte de su territorio conformado por grandes zonas boscosas, sierras empinadas y climas gélidos. Es la Sierra Madre Occidental que atraviesa en esta latitud abarcando grandes territorios de Chihuahua y Sonora. Yécora, Tarachi o Basasiáchic son pueblos que fundaron los españoles en la primera mitad de los 1600, siglos antes de que Hermosillo, Cajeme y otras pujantes ciudades de la Entidad alcanzacen ese status.
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___Llegamos a Yécora luego de subir algunos dos mil metros por curvas y deslaves de lluvia. La carretera es bastante decente y ofrece miradores naturales con un espectáculo de paisajes memorables. Son 280 kilómetros desde la desértica capital. Cruzamos el puente que atraviesa el Río Yaqui que ahora lleva una cauda que crece conforme la temporada de lluvias se generaliza. Un paisaje tremendo. Ahí, a la mitad del camino, entramos Tónichi, un pueblito fantasma donde toda vivienda, por modesta que parece, cuenta con señal de Sky.
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___Nuestra expedición estaba conformada por 11 miembros, todos familiares. No instalamos en una cabaña colgando de una ladera que deja poco a la imaginación: rústica pero amueblada, con amplia cocina, cuatro recámaras, dos baños, dos chimeneas y una preciosa terraza desde donde se contempla la quietud de la montaña, su espasmo de árboles tremendos y un arroyo en el fondo del cañón que ofrece caídas de agua con albercas naturales de donde no deseábamos salir.
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____A diferencia de otras excursiones, ahora teníamos a cincuenta metros, bajando por la ladera ese estanque natural, el agua cayendo desde una formación rocosa para alcanzar una profundidad de unos diez metros. Echarse clavados ahí simplemente fue de locura, no digamos ya disfrutar de micheladas y otras bebidas con la mitad del cuerpo sumergida en el agua que corre libre y transparente. A los niños y jóvenes sencillamente teníamos que sacarlos a rastras cuando comenzaba a anochecer.
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____Ninguna felicidad es completa sin una dotación suculenta de alimentos. Mis sobrinos Roy y César se encargaron del menú: 10 kg. de costillas y filetes para asar; 10 kg. de camarones y otros tantos de pollo que saboreamos fritos al aire libre en un disco a base de gas que estrenamos. Que hubo comida sabrosa y suficiente lo atestigua mi tobillo izquierdo que llegó con las molestias que produce el ácido úrico en quienes nos obstinamos en sentirnos jóvenes e invulnerables. Pero así es la cosa, a cada acción corresponde una reacción y mi metabolismo sabe bien de estos asuntos.
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___Las noches simplemente eran de lujo. En ocasiones la lluvia llegaba para proveer un clima delicioso de 18 grados hasta la madrugada. Si no llovía, podíamos contemplar el espectáculo de las copechis (luciérnagas) que matizaban todo el entorno con sus brillos distintivos. Olor a montaña, a árboles aromáticos, a flores silvestres. Silencios prolongados, interrumpidos acaso por algún coyote que se escuchaba a lo lejos, o por el murmullo apagado del viento sobre pinos y encinos.
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___Contar con una diversidad tan abrupta de ambientes, climas y ecosistemas hacen de este Estado un verdadero potencial turístico que, desafortunadamente, se explota únicamente en algunas playas privilegiadas. Para los amantes de la naturaleza, queda la zona volcánica del Pinacate, el desierto con toda su flora y fauna intocadas, y la Sierra donde muchos pueblos fenecen por abandono cuando podrían convertirse en refugio del calor que vulnera a la gente de los valles en verano.
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___Espero que no pase el verano sin regresar a Yécora, Sonora. Un fuerte abrazo a Don Jesús Vargas, anfitrión incansable.
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8 comentarios:

Isabel Vidal dijo...

Esto me hace pensar en las vacaciones que necesito...

Qué buen viaje y sin necesidad de sustancias psicotrópicas, que es lo mejor.

Buena vibra...

Alma y Letra de mujer dijo...

Espero algún día conocer la sierra de Sonora, mas aún con estos comentarios, no pierdo la esperanza. Suerte
Verónica

Adela Marquez Robles dijo...

Que bello lugar, me encanta la naturaleza, es para tomar muchas fotografías!....que envidia!....saludos!

manuel dijo...

¡Eso es vivir!

Envidia de buena, y me sigo agasajando con la memoria

Margarita Oropeza dijo...

Uy, contando del clima fresco ante las víctimas del infierno, ah, Nacho maldito. Mmm...
Grcias por visitar mi otro blog, ahí estaré más ligado a todosh los cuates.
Ah, y ojalá los españoles fueran tan generosos, jaja. ¿Sabes que ya respondieron con las regalías?, al menos ya dieron color. Vale, pues un ciberbeso.

Margarita Oropeza dijo...

Ajá, sí que le amé en su debido tiempo de gloria y estuve babeando mientras le escuchaba. Luego le invité un café y no dormí de la emoción en dos semanas (¡por Dios Nax, qué tiempos preciosos los de estudiante de letras!) Hoy he perdido esa inocencia.
Aquí entre nos, sus poemas sólo me gustan tres o cuatro. Y allí en la mesa del café, me preguntó con una humildad que me dolió en el alma: "¿Y mis poemas, no le interesa estudiarlos?" Arrrg. No supe qué contestar... no me quiero ni acordar.
Graciash por la visita. ¿Ves, ahora puedo estar aquí, donde están todos.

Margarita Oropeza dijo...

Ah, claro que hablo de Benedetti. Ah, tamesha.

nacho dijo...

Gracias por venir, Isabel, Verónica, Adelita, Manuel, en serio Yécora es un encanto natural que hay que visitar y promover.

Magui, memorable encuentro, sin duda. La poesía, pos sí, sencillona. Felicidades por las regalías... invita un café, je.

Abrazo a todos y todas...
nacho mondaca