martes, octubre 02, 2007


SACADO DEL ARCHIVO "CUENTOS HERBOLARIOS"
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___Mi médico de cabecera me suplicó que abandonara algunos de los hábitos alimenticios por las que se inclinan como fanáticas mis papilas gustativas. La verdad, poco caso puedo hacer a mi médico de cabecera, en todo caso, acato mejor las recomendaciones de mi gastroenterólogo que me ha mostrado unas imágenes tan repulsivas que siento que no las voy a olvidar jamás ni con la ayuda sostenida de mi terapeuta, otro de los médicos con quien mantengo serias diferencias (especialmente unas relacionadas con la deuda que dice que tengo con él).
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___Las imágenes que me ha mostrado el gastroenterólogo hacen ver el anuncio de Losec A, donde aparece un tejido tripesco supurando sangre, como una carnavalización de la degeneración ulcerosa real. Yo, en un estado catatónico que mi terapeuta suele calificar de mecanismo automático de defensa psicológica (término que parece ignorar por completo el entrenador de los rojinegros del Atlas -este y el anterior también-), veía el componente lechoso que produce el tejido péptico dañado por el helicobacter pílori en condiciones de ansiedad extrema.
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___No busco tejer aquí una teoría sobre las enfermedades psicosomáticas, ni abordar el cruce de caminos de la ciencia médica que defienden algunos académicos holistas, pero es bueno saber que nada de lo anterior inquieta a mi angiólogo, particularmente porque su teoría sobre la circulatoreidad de la sangre pone en tela de juicio los tratamientos de mi gastroenterólogo, de mi médico de cabecera (que no es el terapeuta) y del terapeuta (¿ven?).
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___No han sido pocas las ocasiones en que he renunciado a la medicina convencional (especialmente cuando las discusiones sobre costo-beneficio con mi terapeuta escurren a profundidades que apenas Dante y Verne conocieron) y me he escapado por la puerta falsa de la medicina homeopática y el ayuno macrobiótico.
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___Sin embargo, amigo lector, compartirás conmigo la tristeza que me embarga por la testarudez de mi familia que no vacila, ante la menor crisis que me acosa, de llamar a mi médico de cabecera. Desprovisto de mi capacidad de juicio, ajeno por completo al discernimiento racional que caracteriza a mi actividad mental en condiciones corrientes, lacerado en mis achaques y dolores recurrentes en momentos insospechados, tiendo a quedar a merced de otros.
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___Mi médico de cabecera forma parte de un patronato que se ha manifestado simpatizante de la corriente filosófica holista y, ante la emergencia, recurre a conformar una variedad de colegio médico para atender toda crisis de los pacientes.
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___Podrás imaginarlo: ante la presencia de una crisis de importancia, cualquiera que sea, ellos se reunen a deliberar qué hacer con el paciente. No lo soporto. Es que los conozco. Conozco a los médicos que me atienden y sé que aunque son capaces en sus especialidades, son torpes en sus alcances intelectuales y en sus aptitudes de liderazgo. Es por eso, podrás suponerlo ahora, que el terapeuta rápidamente tome control de la situación y desdeñe todo análisis clínico (sea grastrointestinal, sanguíneo o nefrológico -o angiológico, ya no sé-) y remita el problema al diván de su consultorio.
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___¿Ves ahora, amigo, la razón de mi endeudamiento con el terapeuta? ¿Alcanzas a distinguir la sagacidad de ese discípulo de Freud con quien mi destino parece encontrarse en una batalla perdida de antemano?
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___He hablado seriamente con mi médico de cabecera, también y por separado con el gastroenterólogo y con el nefrólogo, pero mi intención de sacar de la jugada al terapeuta había sido inútil.
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__Fue ahora que me enteré de algunas cosas que todo parece aclararse. Mis médicos ser reunen los jueves por la noche a jugar póker, ahí apuestan fuertes cantidades de dinero. Siendo apostador empedernido, mi terapeuta es un pésimo jugador que ha contraido una deuda considerable con todos ellos y de alguna forma piensan que él podrá pagarles si lo atiborran de pacientes.
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___Eso explica por qué siempre encuentro su consultorio atestado. Al término de la última sesión, el terapeuta me interrogó acerca de las bondades de Losec, lo que revelaba el surgimiento de padecimientos estomacales. Sabedor del origen de sus males le dije que lo más seguro es que sus colegas estuviesen haciendo trampa en los encuentros de los jueves. Sorprendido se quedó mirándome fijamente y como si hubiese sido tocado por una divinidad me regresó al diván.
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1 comentario:

a.m.f. dijo...

Ya en serio... deberías ir al terapeuta! jajajajajajaja

just kidding (... or not?)

Me reí mucho... deberías seguir aumentando tus archivos personales de comedia literaria!

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