jueves, octubre 05, 2006

ENTRE SANTOS PEREGRINOS
(Felicidades a todos los Panchos)
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___De no ser porque en casa de mis tíos, donde recalé a media mañana, había una enorme olla de menudo, la cruda de ayer me habría sometido a sus caprichos. La noche anterior habíamos estado bebiendo cerveza, conversando y aún orando en esa casa donde el tío Jesús ha construido una capilla para adorar al santo de su devoción: San Francisco. Las horas se fueron empalmando en torno a una interesante charla con los parientes y un periodista y sin darnos cuenta nos dieron las tres de la mañana. Nada que lamentar, excepto que era martes por la noche y que el día siguiente comenzaba temprano con una clase de Estilística.
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___Las desveladas cuestan, especialmente si tu castigado aparato digestivo es sometido a consumir varias marcas de cerveza, una revoltura que suele tener consecuencias no recomendables.
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___Mi primo Martín, ya les he dicho, es buzo rescatista con especialidad en aguas cenagosas. Tenía varios rescates que contar, todos relacionados con ahogamientos y desapariciones de personas con motivo de la inusual temporada de lluvia que recién concluyó en Sonora. Agreguen a esto que Martín posee un estilo de charlar entre cómico y serio que mantiene siempre en suspenso a su audiencia.
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___Eso fue la noche previa al menudo. El mero día de San Francisco, pues, llegué a su casa (a media mañana) con un semblante mucho peor que el de los náufragos de San Blas cuando se comieron al resto de los tripulantes; mi estómago era una orgía de tripas desbocadas y mi sentido de la orientación era tan inestable como el léxico de Vicente Fox. En estas circunstancias apremiantes, viendo mi tía cómo los colores de mi rostro variaban de un verde guamúchil a un amarillo pergamino, extrajo de la olla una aromática combinación de maíz, panza de res, cebolla y cilantro. Los lípidos que flotaban en el platillo típico, combinados con chiltepín molido y limón, no eran sino la fórmula ancestral que un día Prometeo robó del Olimpo y se la entregó a los humanos, quienes la fueron pasando de generación en generación hasta que llegó a mi tía abuela (que tiene casi 110 años y vive) y luego al resto de la familia. El día previo, Prometeo había obsequiado el secreto del fuego a esa línea familiar directa de antepasados, pero el fuego no tenía ningún sentido si no servía para poner un menudito o hacer tortillas de harina. Eso explica que el enojo de Zeus (y el consiguiente castigo de Prometeo -Prome para los amigos-) no fuera tanto por el fuego en sí mismo, sino, nada más y nada menos, por haber difundido la preciadíasima receta del menudo, manjar de los Dioses.
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___Eran casi las doce del mediodía, mi otro primo, Quico, rompió su promesa de llevar el pan para acompañar el menudo de la legión de sobrevivientes de la velación que, igual que yo, reclamaban una medicina efectiva contra la resaca. Traición. Quico jamás llegó y no hubo más remedio que comernos el menudo sin mayor trámite. No descarto la altamente probable posibilidad de que Quico sencillamente se haya quedado profundamente dormido bajo alguna ceiba del parque, soñando alguna modalidad light de la vida en algún círculo del Inferno de Dante.
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___El resto de la tarde fue de bajada. La vida se resbalaba lentamente ante mis ojos, mientras yo la contemplaba asido de un gatorade de 600 ml.
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___Son las 2:19 de la mañana, ni siquiera sé cómo es que llegué aquí.
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___¿Que hora es? (Ah, ya dije).
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3 comentarios:

Manuel dijo...

¿Nadie hizo panchos el día de los panchos?

Caosmico dijo...

Deliciosa en verdad la narración, supongo que propiciada por un manjar tan agradable como el detallado.

La aventura política tan breve que pudiste ver, la callamos tan rápido como los hechos se comenzaron a reunir... VIRGEN DE LOS OLIVOS, eso de calentarse le hace a uno obnubilar todos los sentidos.

El profesor presentó los hechos y eran contundentes, mi compañero no solo había hecho un trabajo terrible sino que había plagiado varios textos, había hecho un collage de trabajos. El director nos avisó que si esto se lleva a consejo, el perdedor es obvio que será el alumno.

La discusión se transformó en cual era la sanción que merecía el compañero... Y eso ya no puede ser nuestro asunto.

Te agradezco todo el apoyo que inmediátamente ofreciste, y me sentía obligado a comentarte aunque fuese brevemente el desenlace de tan triste y trillado acontecimiento.

Saludos desde la guarida.

nacho dijo...

Manuel: Panchos los hicimos todos al día siguiente de la velación... por la resaca... je.

Caosmico: Suele pasar; la verdad es una báscula curiosa.

Saludos y grACIAS POR visitar.
nacho mondaca