miércoles, noviembre 05, 2003

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TRANSDIARIO

El 5 de noviembre de 1974 murió repentinamente mi padre. Lo digo cada año. Desde entonces, en ocasiones he lamentado su partida y, en otras, siento un extraño sentimiento de ira en su contra. Será por haberse marchado tan joven. Tenía 49 años. Viene a mi memoria el hecho de que papá perdió a mi abuelo cuanto tenía apenas 10 años, los mismos que tenía mi hermano menor cuando él se fue. Es ésta una historia de huérfanos que merece abreviarse.

El 6 de noviembre de aquel año lo sepultamos en el panteón de mi ciudad, allá en la frontera, enmedio del medanal desértico. Recién habíamos ido a celebrar el día de muertos en la tumba de mis abuelos. Las flores aún estaban frescas.

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