martes, mayo 17, 2005

TARDES PARA CELEBRAR

Siendo sábado podría escribir lo que sea, incluso altún textito sobre la crisis en la blogósfera... Sí, hay una calma chicha en la blogósfera mexicana. No ha sido posible llevar el diálogo más allá de los saludos amistosos, los tableros de anuncios, los apuntes complacientes y los excesivos y comprensibles deseos de hacer cuates. Aún las buenas intenciones literarias naufragan antes de lo previsto en un mar de indolencia.

Se pierden opciones de discutir... de poner cerebros en juego, de inyectar ideas en la red.

Mover cerebros... no es mala idea, ¿no? Comparto la idea de que el vehículo del blog puede ayudarnos a saber qué tanto sabemos de lo que pasa... Porque, en el fondo, la gente tiene miedo de pensar... ¿Cómo acabar con la violencia y la inseguridad en el país, ese absurdo histórico, esa rabia colectiva, esa sorda venganza punitiva?

La respuesta quizá no es tan complicada, ni se encuentra en manos de personajes importados como Giuliani, zar de los desastres que deslumbró a Bush y a otros aquí. Qué bien, eh, un extranjero intentando desentrañar la madeja de nuestras contradicciones. ¡Por Dios!, ¿a quién se le ocurrió traerlo? En serio.

La política envuelve a los escritores, los presiona, los lleva al lugar "políticamente correcto" de las definiciones. Tienes que "definirte" si eres escritor, porque la norma moral indica que debes estar del lado correcto. Hacer política es hacer lo "políticamente correcto". ¡Qué tautología!

Ante la pregunta yo postulo a Brozo para presidente de la República (tendría al menos mayor consenso entre los diputados, eso sí). También me preguntan si apoyé la "megamarcha contra el desafuero" y digo que no. No fui a la marcha y no se alteró nada. Fueron cientos de miles, pero yo no fui; igual que otros 100 millones, yo no fui. "La marcha cambió la historia nacional". Pues yo digo que la marcha no cambió nada, que la cosa sigue igual. ¿Cómo ven?

Siguen preguntando: ¿Qué pienso del simulacro de democracia que habrá en las elecciones de 2006? Ya les diré lugo. Por ahora me preocupa el futuro de la ingenuidad naciona, un tema desde luego secundario, pero que sin duda estará en la mesa de discusión postelectoral. Esto, claro, es algo que salvaría una candidatura como la de Brozo -salvaría la ingenuidad, no la negociación-.

Me siguen preguntando: si no ocurre algo extraordinario, López Obrador gana las elecciones y nuestra ingenuidad busca en el mapa un buen sitio para el exilio.

!Cruz Azul está en semifinales¡ (Ven: esto se escribió el sábado en el Estadio Azul -el resultado del partido, no el post).

¿Qué hora es?

2 comentarios:

Armando dijo...

Y bueno, porqué es eso?, no hay argumentos ni contra argumentos? o donde se perdieron las ganas de debatir? no hay "asamblea bloguera"? saludos Nacho

Aira Castañeda dijo...

Sabes, a veces lo único que podemos hacer es, como dices, mover cerebros. Yo diría "zarandearlos", porque más allá de que la gente (bueno, nosotros... por algún motivo, cuando uno dice gente, tiende a pensar en "los otros") somos muy flojos para cuestionar lo que nos dicen. De hecho, nos hemos tomado la libertad de dejarlo todo en manos de los políticos, de ahí la urgencia de "alinearse". Pero como me dijo un amigo: ¿por qué voy a estar del lado de alguien, si nadie está de mi lado? Tautológico como pueda parecer, esto trae una verdad que pocas veces aceptamos o queremos ver: necesitamos que otros nos representen, no tenemos la voluntad de actuar por nosotros mismos. A veces, lo admito, hacer eso sería quebrantar las reglas de convivencia que implica la sociedad. Pero, siendo honestos, ¿de qué sociedad hablamos? El nuestro no es precisamente un país civilizado, y si de verdad queremos implantar una democracia - que en el 2006 ni a simulacro va a llegar, me temo -, los que realmente lo deseamos deberíamos comenzar por cobrar conciencia del cambio personal que conlleva. Tú preguntas "cómo acabar con la violencia y la inseguridad en el país". Aunque simple, la respuesta no es tan obvia: tomando las riendas de los órganos que se encargan de velar por el orden que exige una sociedad democrática, al menos en la teoría. Es decir, mandando a la fregada a los que hoy tienen esa capacidad.

Aún así, aún con toda la buena voluntad del mundo, me pregunto: ¿realmente alguien quiere meter las manos por millones y millones de malagradecidos, que terminaremos por desear volver a un sistema "que vale más malo por conocido que bueno por conocer"?

Quisiera creer que sí.