miércoles, julio 14, 2004

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SE IMPARTEN CURSOS DE HISTORIA (NO OCUPAS LIBROS)

Luego del anuncio del gobierno foxista de que se reducirán los espacios de clase a algunos capítulos de la historia nacional, entre ellos el relativo al período prehispánico, es decir, lo tocante al fascinante mundo genocida de los aztecas y la decadente evolución de la cultura maya, entre otros, saltan varias interrogantes. Esta es una de ellas: ¿Estará pensando Vicente Fox otorgarle a Televisa la complicadísima tarea de aleccionarnos sobre nuestras raíces indígenas? ¡Qué bueno! Porque el canal de las estrellas lleva ya un extenso trecho recorrido como exponente distinguido de la historia oficial. Su último gran avance es financiar a José Woldenberg para que nos cuente "la historia de la democracia" en México. (¿Qué creen? ¡Democráticos ya somos!)

Si bien la Constitución Política de nuestro País establece con toda puntualidad que la democracia no es un mero ejercicio electorero ni una maroma polìtica, sino un sistema de vida basado en el constante mejoramiento económico y social de los mexicanos, Woldenberg y el sistema que representa (Televisa incluided) pretenden convencernos de que "ya alcanzamos la democracia". Con tantos esfuerzos, Virgencita, los muertos del 68, la masacre de "los halcones", la resurrección de los partidos, ¡las alianzas, madre mía! ¡Sí!, la pulurlaridad (no puedo ni pronunciar de la emoción), sí, la pluralidad de las Cámaras y el fortalecimiento de la clase política (pa todos hay). Ya somos democráticos, ¿no?, nosotros elegimos nuestro propio atajo al paraíso: el TLC, la globalización (mmmh, que rica), casi somos "patrimonio de la humanidá".

¿Ven?, para qué quejarnos, vamos bien, ya nos democratizamos, aistá la historia que no miente, órale, despierten a los niños, ya va a comenzar Woldenberg la lección, que no se pierdan de ésto.

Mire, compadre, si no estaremos democratizados, con decirle que en este tiempo que usté se fue al Illinois aquí hasta ponen casillas pa que los niños voten el primer domingo de julio... con decirle que hasta hay un día en que los niños son diputados y votan y todo, como si jueran grandes.

Llamen a los niños, en serio, hoy hablará José de "la alternancia". Yo voto por José, sin distingo de partido que lo postule ni color de camiseta (ora que si se pone la de los tecos de la Autónoma, pues ahí sí, pinto mi raya, vaya a ser que me tenga que confesar con el padre Amaro).

Democracia en cápsulas, tómela tres veces al día, una después de cada comida.

Pero, José, los treinta y ocho millones de mexicanos que, abusando de la confianza que se les ha dado, y sesgándose de este México de oportunidades, osan parapetarse detrás del marasmo antidemocrático y naco de la "pobreza extrema", pueden echarlo todo a perder (los malagradecidos ni tele tienen para aprender tus lecciones de la democracia). ¿Por qué no los desaparecemos? Podríamos asesorarnos con los Arellano Félix o el Mochaorejas para no dejar rastro y continuar con más capítulos de la serie, ya sin pesimistas. Por qué no sacamos a los think tanks de Puente Grande y del Reclusorio Norte; podríamos formar un comité nacional de evaluación que dé seguimiento a los agigantados pasos de la democracia (corremos el riesgo de no alcanzarla, pero intentémoslo, hombre, qué nos cuesta).

Propongo una consigna para salir al paso de todo esto:

"Democracia extrema".

Redoblemos esfuerzos en pro de la democracia. Uno no quiere que la democracia se imponga en base a decretos y autoritarismos, pero ¿qué?, tenemos que hacerlo, es por el bien de todos. Ya con la democracia redoblada y sin tanto aguafiestas pobretón podríamos proponernos nuevos escalones democráticos, por ejemplo, llevar a una mujer a la presidencia, ¡ya estamos preparados para eso, Marthita no te nos rajes ahora, pérate tantito! O bien, podemos llevar a un miembro de alguna minoría a la primera magistratura, ¡eso sí nos subiría de nivel: qué les parecería un discapacitado como Raúl Orvañanos o un comunicador como Polo Polo. En fin, no sé, ya embalados en ese tranvía llamado democracia las opciones se multiplican y las oportunidades se hacen exponenciales. ¡Vivan los partidos! ¡Vivan sus líderes!

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