jueves, junio 05, 2003

EL ANONIMATO EN INTERNET. LA (DIS) FUNCION DEL TAG

Dos cuestiones entrelazadas han llamado la atención de dos o tres: el papel del tag y el falso anonimato de algunos blogueros.

La señorita arquitecta tuvo un gran insight al proponer ciertos parámetros urbanos para definir el blog y el tag; la analogía tiene curiosas y graciosas implicaciones. Al principio el tag cobró la finalidad inmediata de ser pizarra de mensajes, saludos, recordatorios, etc. Pronto comenzó a ser blanco de discusiones y controversias y luego se convirtió en terra incógnita en la que cualquiera podía aprovechar su fácil acceso para introducir comentarios masivos y/o también non gratos. Frente a la impunidad que proporciona el anonimato, y a la atención que demanda de por sí, algunos apagaron la lucecita del tag y lo dejaron por la paz. Imitando la intermitencia de algunos blogs, los tags parecen conservar la misma tendencia, ya se van, ya regresan. ("Hey Humphrey, hablas como si quisieras titular esto: 'aportaciones a la teoría del blog'", -No manches, esto entra en el más puro hegelianismo, yo lo pondría en el archivo Fenomenología del espíritu-).

Hablar de estos temas no tendría mayor sentido excepto porque a ustedes, como a mí, les-nos encanta la chingadera, así que continúo.

El anonimato. Este sí que es un tema. ¿Cómo puedo hacer algo notorio, espectacular, imposible, imperecedero, impune, causar el mayor de los escándalos, tejer la madre de todos los misterios, el génesis de la duda, manteniendo en secreto mi identidad?
Este pareciera ser el sino de aquellos blogueros que juegan con el anonimato, sea en el blog, en el mail o en el tag. ¿Doble personalidad?, ¿sórdido deseo de penetrar en el insondable valle de la impunidad?, ¿secreto afán de notoriedad gratuita? ¿impulso por decir lo que el ego no se atreve frente al temor de descomponer la figura?
No lo sé de cierto, pero es un fenómeno que se presenta con frecuencia provocando cierta sensación de repulsión y duda. La duda. Eso. La duda como expresión intrínseca del individuo. La duda hamletiana puesta en el orden cotidiano con boleto sin costo. Llama la atención la fenomenología más que el hecho en sí. Eso es quizá lo que nos captura como un anzuelo irresistible. Esa sea tal vez la magia del blog.

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