viernes, septiembre 03, 2004

TARDE DE PERROS

Esta tarde estuve en una reunión editorial donde se discutieron temas picudísimos sobre Cultura, censura, filtros editoriales, arte, artesanía, objetivismo, y varios etcéteras. Había temas como para pasarnos unos tres años tomando café negro y discutiendo. También había galletas, aunque ya calculando bien, el café y las galletas no iban a alcanzar para tanto año. Por fortuna, todos teníamos cosas que hacer y en punto de las ocho de la noche nos salvó la campana, se rompió una taza y cada quien jaló para su rumbo.

Antesito, estando en el cotorreo hablando sobre público y lectores, en su intervención, un joven lanzó una crítica en contra de un artículo que publiqué el domingo en la sección de cultura de un diario local bajo el título de ¿Son autóctonas las culturas autóctonas? Quizá ustedes leyeron un resumen de ese bodrio (de mi artículo, no del joven) en este mismo blog (si no, córrete un poquito para abajo, -archivo, 13 de agosto-). En dicho artículo, fuera de sacar a pasear mi ignorancia en temas que corresponden a los eruditos, polemizo con algunos conceptos políticamente correctos acerca del indigenismo, la conquista de México, la migración, etcétera.

El joven no sabía que el autor del artículo estaba ahí, pese a eso, yo no metí ni las manos, simplemente dije que ahí estaba mi rollo y que aquellos que se sintieran suficientemente suficientes lo destazaran, lo empacaran y lo vendieran al menudeo, que yo no iba a reclamar mi comisión. Confieso que aquello no me inquietaba tanto como el hecho de que afuera del salón estaba mi carro con una llanta destrozada por el filo del rin 14 de mi Tsuru 92; la cosa es que se ponchó unas cuadras antes de arribar allí y bueno, ya no quise detenerme. Error.

En venganza, después del ritual de las despedidas, le pedí un aventón al joven crítico (que por cierto tiene un nombre azteca) rumbo al Museo y Biblioteca de la Universidad de Sonora, a lo que accedió cortésmente; en el camino le planteé que formáramos un comité en defensa del latín y otras lenguas moribundas, que tenía el fin de semana libre, quedó en resolverme luego. También me dijo que trabajaba en una dependencia de Conaculta sobre apoyo a comunidades indígenas. Yo pensé, ni modo, de algo hay que vivir.

En el elevado edificio del Museo se encontraba la socia desgañitándose a todo lo que da en el ensayo del coro universitario, en su auto se encontraba la extra que yo necesitaba (la llanta, obvio). Todo salió bien. Regresé al lugar de la discusión, cambié la llanta con la soltura que me caracteriza cambiando llantas. Horrorizada, mi camisa blanca contemplaba la maniobra.

Luego, en casa, ya con mi traje de buzo puesto, entré a hacer mi religioso recorrido por los blogs y ¡Dale!, que me encuentro una sesuda crítica de Luis Vicente a una notita que dejé en el apartado de comments del post de mi camarada Alberto Chimal sobre el surrealismo. Bueno, qué, dije yo emulando a Andrés Manuel, "es un complot en mi contra". No obstante la profunda depresión en la que me vi sumido de pronto, le devolví los saludos a Luis.

Acto seguido decido ser realista: me uno a mi comité personal de sueños y me marcho a dormir: dormido se trabaja mejor. Y, pues sí, hace algunas décadas el sueño era el único reducto donde el stalinismo no podía entrar (y quién sabe).

2 comentarios:

Scarlett Freyre dijo...

Debo confesar que ya habia visto tu blog en blogs de mexico pero no habia entrado por el titulo nose porque crei que no me iba a gustar , pero en otro blog lei acerca de que aqui se trataban buenos temas , y pues aqui estoy y es verdad esta muy inteligente e interesante tu blog , oye y jamas encontre aqui en tu blog el articulo del q hablas , ya me dejaste en suspenso.

Amaranta_173 dijo...

Saludos, dandome la vuelta por aqui, me gusta tu blog...
Gracias por visitar el mio
Buen.dia