sábado, noviembre 06, 2004

ESPAÑA, EL REINO DE NUNCA JAMÁS

España conquistó Mesoamérica, hay que decirlo. Si vemos las Cartas de Relación de Cortés o la Historia Verdadera de la Nueva España de Díaz del Castillo, nos enteramos de que estos individuos, en tanto cronistas, no tenían idea de lo que hacían (y menos de lo que escribían).

Nosotros, que hemos sido forzados a aprender la lengua muerta del metadiscurso, podemos inferir por lo que escriben, que estos amigos padecían de un grado alarmante de bipolaridad. De haber habido gente capacitada, esa enfermedad podría haberse tratado con relativo éxito y, de haberse seguido un tratamiento, quizá se hubiera encauzado de mejor forma el proceso parturiento de la colonización.

Bien, sabemos que la cosa no fue así, y que aventurar alguna hipótesis potencial desde una tribuna temporal inadecuada no lleva a ninguna parte.

Lo que hacían nuestros personajes, pese a todo, no era algo menor. Pero recapitulemos.

Luego de que ocurrió la repoblación de la Península Ibérica (llegaron ahí cuantas tribus y genes foráneos podían llegar), los naturales se mezclaron de tal forma que aquella región parecía una Torre de Babel ampliada y crecida. Producto de esta capirotada, se parió una raza decididamente navegable y exploradora.

Esa estirpe vino a América a continuar el fenómeno de la repoblación. Los españoles traían el mestizaje en el ADN (entiéndelo Tonatiuh) y vieron en las mujeres lugareñas un remanso de perpetuidad. (Pendejos, no sabían que habían encontrado la Eterna Fuente de la Juventud). Después vendría el bautismo.

Regresando al párrafo cinco, el consejo editorial de esta página aclara que, para evitar imprecisiones, la repoblación se refiere a toda la Europa Occidental –entendiendo el concepto desde el punto de vista geográfico únicamente- y señala que este fenómeno acaece (disculpen la dominguera) a partir del fin de la última glaciación.

Esta aclaración no es ociosa. Ya hemos indicado en otras especulaciones que nuestras hipótesis atienden a un origen común de la especie humana en un lugar tan remoto como África nororiental, en un momento tan lejano como 100,000 años antes de ya saben quien.

Quien no esté de acuerdo con esto, le damos la más cordial bienvenida al reino de nunca jamás, preámbulo para comenzar la historia de la humanidad a partir de Peter Pan.

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