martes, enero 25, 2005

LENGUAJE, MITO Y LITERATURA

El mito es la modalidad más inmediata de lo posible. Por eso la fecha de nacimiento del mito coincide con el de las sociedades orales (subrayo el plural). El ser humano en esta sociedad (no el individuo, porque el individuo no ha nacido aún como tal) crea mitos porque precisa de una realidad alterna que le permita asumir su papel frente a la inmensidad, la ineluctabilidad y la finitud, esos lastres del cosmos que no alcanzamos a explicar.

Dondequiera que se estacionen se toparán con el mito, en cualquier cultura. El mito es como el excusado, puede no ser agradable pero es indispensable porque es la única referencia trascendente de la sociedad oral, la primitiva. El hombre se diferencia del resto de las especies: puede contemplar las estrellas y se siente superior. En la bóveda celeste encuentra formas y movimiento observable, lejano e independiente de su voluntad; observa patrones, cambio aparentemente predecible. Advierte en las constelaciones figuras extrañas e imagina una similitud morfológica con su entorno. Es algo imaginario (prestidigitaciones de comparación). Luego los bautiza y lo transmite a las generaciones que vienen. Nace así una nueva especie, la que compara, la que crea mitos.

El mito es la consecuencia de la comparación. La comparación es abstracción, una dualidad intermedia entre dos o más percepciones distintas del entorno. El sujeto compara el sexo, compara el género, la forma, compara un segmento de tiempo con otro, un espacio determinado con otro. El ser, al comparar “lo propio” con “lo otro” crea al individuo. El individuo no es sino la conciencia de “lo otro”. Preso de la emoción que despierta el comprender esa diferencia, busca transmitir el descubrimiento, porque el descubrimiento es una emoción que excede al yo y lo desborda. El descubrimiento es el síntoma de lo individual, un síntoma contagioso. Esa emoción, la del conocer “lo nuevo”, crea la necesidad de nuevas formas de comunicación, formas que rebasen la mera supervivencia cíclica. La transmisión del descubrimiento no puede presentarse sino de una forma inherente, subjetiva, porque la “apropiación” de la realidad (del descubrimiento) tendrá un carácter parcial, es decir, referencial. En esencia, un carácter mítico.

Entonces, el lenguaje se crea como un código para explicar la percepción de la realidad, la subjetividad, el mito, esa secuencia subjetiva de la comparación.

Mientras el individuo encuentra una forma palpable (gráfica) de representar la percepción, la subjetividad y el mito, habrán de transcurrir varias decenas de miles de años.

Cuando aparezca el signo gráfico, la sociedad podrá inmortalizar sus secretos, sus mitos. Al fin, el individuo habrá liberado sus cadenas y tendrá a sus pies el menú de todos los universos. Creará una ciencia menor, la literatura, y su reino no tendrá fin. Lo posible y lo imposible cobran vida. Toma nota y anótate.

1 comentario:

Magda dijo...

Considero que el estudio del mito en la Literatura, y en todas las artes, es imprescindible para la comprensión del pensamiento en las culturas. "El mito es mensaje", dice Barthes, y creo lo que afirma: "Destruir el mito desde dentro resulta extremadamente difícil. El mismo movimiento de desembarazarse de él, cae de inmediato presa del mito: el mito siempre puede, al final, significar la resistencia a sí mismo".

Me ha gustado mucho tu texto, que considero va de acuerto con Barthes.
Un beso.