jueves, mayo 29, 2003


MÚSICA, PASTAS Y LAS BONDADES DEL CRÉDITO

Disculpen la tardanza, pero he andado triturado por la falta de tiempo y no he podido bloguear como quisiera. El lunes me perdí de plano: me fuí al concierto de Serrat, que rebasó mis espectativas porque las últimas veces que lo había visto, dos en Tijuana y una en Mexico City, notaba que su voz ya andaba en las últimas, sin embargo, ahora se ve con más años encima pero recuperado de sus cuerdas vocales y con ciertas novedades que luego postearé como se merece ese anarquista catalán incurable.

Luego, el martes, invitamos a cenar a Luis Ledesma, un barítono que anda por estos lares invitado por la Unison. Viene de Filadelfia y cuenta que la semana entrante se irá a Italia a hacer un cover a Plácido Domingo en la Scala. Llegó hace una semana y está por concluir un curso de clases magistrales sobre perfeccionamiento vocal en la Licenciatura de Canto, escuela que yo visito únicamente porque no hay ningún letrero que indique prohibida la entrada a mayores de 40 años. Hablaré extensamente de Ledesma: es un chingón. El cuate tiene 35 años y es chilango, moreno de mediana estatura, barba de candado y el pelo largo, pareciera un duque enamoradizo del siglo XVI, aunque si yo hiciera una ópera sobre la conquista de Tenochtitlán, seguro le daría el papel de Cuauhtémoc. A estas alturas ha participado en los teatros más importantes de Europa y los EU, se sabe de memoria 27 óperas, y esto lo corroboré porque no hay una sola pieza, aria, canción, dueto o cuarteto que ensayen los chavos de la licenciatura de canto, que el maestro Ledesma no se sepa de memoria.

Como dije, la socia y este empleado de HB invitamos al teacher a cenar para cotorrear con él sobre sus andanzas en el mundo de la lírica y comprobamos qué tan buena gente pueden ser los chilangos cuando se lo proponen. El cuate es bien sencillo y dispuesto a compartir sus conocimientos al primer hervor, igual que los escritores pues; no tiene pelos en la lengua para criticar a alumnos y maestros y siempre está dispuesto a sacar jugo de las voces aprendices. Sabe enseñar. Para no hacer el cuento largo y aprovechando la grave crisis de tenores por la que atraviesa la humanidad entera, que me invitan a participar en el cierre del curso en el famoso cuarteto de Rigoletto (Bella figlia del amore). Yo, pues no soy de esos tipos que tienen que rogarle dos veces de volada dije: "donde firmo". Y pues no había nada que firmar, había nomás que ir a ensayar hasta terminar con la garganta como mofle de dompe y con los oídos como cuando me pegaron un balonazo en la oreja por allá en 1974, el zumbido en la cabeza me duró dos semanas. Y así se ha hecho, a darle y darle. Así que ayer martes llegué por aquí cansado y con algunas copas de cabernet sauvignon californiano cosecha de mil novecientos noventa y algo en la panza y no quise ni voltear a ver el monitor. Han sido días largos.

Pero déjenme hablarles del restaurant Strómboli. Es pequeño y lo regentean unos descendientes de italianos que lo decoraron rusticón pero con estilo. Hay un menú bastante variado de platillos, pastas y pizzas desde luego, ensaladas chidas y vinos de todos. De estos pues no pedimos de todos, verdad, porque hay unos franceses que cuestan más que las obras completas de Alfonso Reyes (con pasta dura, hablando de pastas). Luego entre los platillos había uno que les encantaría: Penne rústico. Órale, yo no quise ni preguntar de qué estaba hecho, la socia nomás volteaba a ver con una cara, "pídelo si quieres" le dije acá con aires de suficiencia, pero no, no se decidió. Me conformé con una combinación Tratoria: ravioles rellenos de pollo, spaguetti al ajillo y lasagna a la bolognesa. Me gusta padir así, surtido, igual que cuando voy a los tacos de cabeza o a los antojitos mexicanos. Me gusta probar muchos sabores. La socia pidió spaguetti con mariscos, lo que resultó redondo pues siempre se come la mitad y la otra mitad yo la pido para llevar. Ya sabrán. El maestro Ledesma y su pianista anfitrión, mi gran amigo Daniel Villegas, pidieron otras excentricidades que se devoraron como si fuese la última cena sin el Judas. Total que salimos de ahi hablando hasta por los codos sobre este asunto que nos apasiona: la ópera.

Por otro lado, esos vinitos californianos y nacionales que tanto gustan a nuestros bolsillos producen un dolor de cabeza leve y llevadero y no hay de que quejarse, además, la que cargó con todo fue la heróica tarjeta Banamex que demostró estar hecha prueba de caprichos y que en esas ocasiones especiales está ahí con su lisa sonrisa dispuesta a posar su cintura magnética encima del primer voucher que le presenten. Ya llegará la cuenta el mes que entra.

El viernes hay que cantar en el concierto que armó Ledesma, echen porras. Aprovecharé esta aviada para agarrar condición y poder leer los kilométricos postes de HY que ya empecé, pero que están más largos que la lista para el Santoclos de los niños de Calcuta. Por aquí nos veremos.

P.D. ¡Traición!, cuando me levanté buscando las sobras de spaguetti con mariscos sólo encontré el desechable vacío, mi marciano favorito se lo despachó temprano con un vasote de Quick de chocolate. Que combinación.

¿Qué horas son?

No hay comentarios.: