domingo, agosto 29, 2004

DE ÓPERA Y COSAS PEORES

Enrique Patrón de Rueda, director de la orquesta de Bellas Artes de México, casi sufre un colapso nervioso al escuchar a sus espaldas la estruendosa carcajada del público mientras dirigía la canónica ópera Tosca de Giacomo Puccini. Concluía un acto y los utileros se apresuraban a retirar la mesa repleta de viandas que los cantantes ni probaron; lo hicieron tan precipitadamente que no se percataron de que aún no se cerraba el telón. Conocedor de las costumbres de los escenógrafos del teatro, uno de los tramoyistas tenía dispuesto, desde la altura del cubo de los telones donde operaba, un anzuelo para capturar un pollo humeante que se había dispuesto en aquella escena, antes de que los utileros cayeran sobre él con su voracidad genética. Es de suponerse que la ansiedad por apoderarse del ave haya sido la causa de la precipitación de los cargadores y de que el tramoyista haya accionado precozmente la "pesca".

Cuando Patrón de Rueda se percató del origen de la risa generalizada, el pollo "volaba" sobre el escenario en una escena por demás inédita. Al concluir el acto, el director mascullaba en su camerino una rabia de hiel. A partir de entonces, los encargados utilizan un pollo de utilería.

1 comentario:

Erika Mergruen dijo...

jejeje, hermosa anécdota; los pollos rostizados tienen vida propia (me cae)...