lunes, agosto 23, 2004

EL PROBLEMA DE LA HISTORIA

Romántica, por decir lo menos, encuentro la visión maniquea de la historia de México que se inmola en el enfoque conquistados-conquistadores. Cierto es que los españoles desarrollaron "la conquista" del territorio americano y enfrentaron a las culturas autóctonas, pero esta visión reduccionista parece ignorar los procesos vivos de la historia universal que subyacen a aquel momento, así como las "ondas largas" de la historia que definen los fenómenos de repoblación, migración y mestizaje.

Existe una innegable tendencia a fomentar odio y rencor en contra de España; los más radicales proclaman la resurección de las culturas indígenas y reclaman a ultranza inercias reivindicatorias para las etnias autóctonas. Estas tendencias me parecen tan retrógadas como pueriles.

No soy un "hispanista" ni mucho menos. Ahora que repaso la historia oficial de España, observo errores metodológicos semejantes en quienes intentan descubrir "la historia de España". La historia de España es la historia de Roma, de Cartago; de griegos y fenicios; de celtas, íberos y godos; de alanos, suevos y godos; de árabes. La historia de España es la historia de Europa, África y América.

La Península Ibérica, África y el norte de Europa son las últimas regiones geográficas en registrar la oleada de tribus y civilizaciones provenientes de Asia, Medio Oriente y la región centroeuropea, una oleada milenaria de migración, repoblación y mestizaje. Visto en retrospectiva, se trata de la misma oleada que continúan los reinos de España, Portugal e Inglaterra hacia territorio americano y luego hacia Filipinas, Australia, etcétera.

Se trata de un fenómeno histórico mundial único cuya explicación excede la suma de sus partes o el estudio de sus partes "una por una". Por desgracia, a partir del siglo XIX, una perspectiva reduccionista parece haberse apoderado de los cánones de enseñanza de las llamadas "ciencias sociales" en todo Occidente, especialmente de la historia.

Coincido en que por razones didácticas fragmentemos las áreas de estudio, los períodos, las eras, las geografías o las nacionalidades, pero tengamos presente cuánto nos aleja de la verdad enfoque semejante. Nuestro microscopio debe ser un recurso más para entender los procesos diminutos, pero detenernos en los fenómenos nacionales, regionales, etcétera, no deben nublar el horizonte de una perspectiva universal. (continuará)

("Oye, Humphrey, ¿piensas volverte maestro de historia o qué?" -Sabes qué, déjame ver las Olimpiadas a gusto-).

1 comentario:

Roberto Iza Valdés dijo...
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