martes, enero 21, 2003

MIDNIGHT CONFESSIONS

TRANSDIARIO

Yo nací en una rivera del Arauca vibrador. No es cierto. Nací en una frontera, en SLRC, a extensos 50 metros de la línea con EU, mis padres y tres de mis abuelos nacieron en otra frontera, Nogales, y, para acabarla, una de las chicas superpoderosas y mi marciano favorito nacieron en otra ciudad fronteriza. Esto quizá me convierte en uno de los blogeros más fronterizos de los que aquí escriben. Chin, hasta ahorita me está cayendo la cuora.
Disfrutaba sobremanera, no sin cierto temor, cuando la pelota se iba del otro lado de la cerca de alambre en la Avenida Internacional entre las calles 7 y 8, un medanal hirviente lleno de espinas y de beisbolistas germinales. La cerca, rematada por un precioso tejido de alambres de púas, era el umbral de los intrépidos, pero la mayoría la pasábamos por debajo, por los huecos que hacíamos en la fina arena del desierto. Recuerdo que la migra pasaba arrastrando unas llantas para dejar parejito el terreno y detectar las huellas de quienes se aventuraban a irse a pié hasta Somerton o Yuma. No son más que 24 millas. Cuando se veía la nube de polvo que levantaba la migra al acercarse, nosotros competíamos a ver quien se quedaba en territorio gringo "hasta el último momento". Los migras se bajaban del jeep y fingían que se molestaban. Acá, la plebe les hacía señas y se burlaba de ellos, con miedito porque aquellos traían revólveres y cartucheras de cuero. Ahora traen escuadras y fundas de polyester y velcro, y las llantas las cambiaron por radares.
San Luis es un pueblo blanco colgado de un barranco que se levanta unos 10 metros por encima del valle del Río Colorado, y es la periferia occidental del desdeñoso Desierto de Altar (Desierto de Arizona, le llaman allá). Además es frontera con Baja California.

Por estas poderosas razones y por otras, cuando alguien escribe o habla del spanglish, de los chicanos, de la vida nómada de nuestras familias y las familias de otros, de la interrelación gringo-mexicana, cuando alguien menciona el pesebre del origen y las lamentaciones nostálgicas que traen estas cosas, me siento sumamente complacido. Siento que están hablando de asuntos que de muchas formas manera comparto. Por ser fronterizo, pero principalmente porque me gusta hablar de asuntos.

La mezcla de lenguas, los pochismos, el slang arrastrado y vocálico, el inglés bien pronunciado y también el mal pronunciado, las malas costumbres de ambos lados del alambre, me son tan familiares como los hot dogs con chili beans, el root beer y las Budweiser.

pd: Dije precioso alambre de púas porque lo comparo con el enmohecido muro metálico actual que sintoniza el aire de los nuevos tiempos.

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